La tendencia a mirar la Filosofía desde el arte o lo lúdico registra en la Argentina una tradición de casi un siglo y un heterogéneo catálogo de nombres. Los principales, los que a mí me movieron a jugar en esa liga, fueron los de Macedonio, Borges, el Girondo de “En la masmédula”, Xul Xolar y ciertos espejismos de Luis Jalfen. Dado que entre los temas propuestos para el workshop del congreso están la teoría del juego, la teoría de las probabilidades y la imperiosa y práctica necesidad de tener que tomar decisiones por parte de los “agentes” (humanos o informáticos) que operan en el mundo, me pareció oportuno presentar el Oráculo Argentino, pues creo que en él se conjugan los temas antes aludidos.
Formamos parte de una era de cambios veloces, inventos increíbles y comunicaciones en tiempo real, no alcanzamos a hacer pié en una roca que el río ya nos arrastra. Nuevas formas de saber, ciertos modos diferentes de darle sentido al mundo, distintas maneras de entender al ser empiezan a aflorar aquí y allá. El discurso científico-racionalista ya no alcanza para explicar un universo que estalla en individuaciones, en multiplicidad de sentidos, en diversidad de interpretaciones. Los términos, las palabras, los conceptos que antes validaban ese discurso se han gastado. Entre otras cosas, ya no sirven para explicar el ser. En un universo en el que se han perdido las referencias, buscarle nuevos sentidos a las cosas es, más que un deber, una necesidad vital.
El Oráculo Argentino nació durante los aciagos primeros años del nuevo milenio, y por menesteres estrictamentente literarios. Por aquellos días yo estaba escribiendo una novela cuyo argumento me rondaba desde otras épocas funestas, la caída del gobierno de Alfonsín. Dicho argumento planteaba la desaparición territorial de la Argentina, la diáspora de los argentinos por el mundo y la aparición de un sentimiento antiargentino, similar al antisemitismo de la primera mitad del siglo pasado en Europa. Me percaté entonces de que era necesario, para la supervivencia de los argentinos como nación, que hubiera una especie de patria portátil, una argamasa de símbolos, ritos, tradiciones y sentimientos comunes que los uniera más allá del tiempo y la distancia. Y dado que el tango y su cultura parecen ser lo más universal que hemos creado los argentinos, fácilmente se podía constituir en el elemento unificador de la argentinidad en el exilio. Luego, el ímpetu de creer en mis personajes, me llevó a someter el procedimiento de escritura a las mismas reglas que operaban en el mundo donde se desarrollaba la acción.
Me vi entonces en la necesidad de darle un rango metafísico al tango identificándolo con el Logos, es decir, atribuyéndole el carácter de fuente de donde mana toda verdad posible. En otras palabras, se trataba de un mundo en el que el Tango le daba sentido al ser, lo explicaba, le atribuía sus propiedades y establecía sus principios y causas primeras. Además, en homenaje a esa forma práctica en que se traduce el escepticismo característico de los argentinos, había que traducir todo esto en un ritual que permitiera obtener esa verdad según se presentara el caso. Tenía que haber un instrumento que permitiera traducir la verdad informe contenida en el Tango, en la verdad concreta que diera respuesta efectiva a la inquietud actual de los seres que vivían bajo esos códigos.
Así nació la idea de un oráculo argentino, y la invención de un instrumento que permitiera consultarlo.
Desnudo de la parte argumental o novelística para la que originariamente fue pensado, el Oráculo Argentino queda compuesto por dos cosas, a saber:
1. La Rosa del Tango: que es el instrumento que permite fijar el momento en que se consulta el oráculo; y
2. El Broli del Tango: que es el libro donde se encuentran los comentarios sobre los tangos de los cuales se extrae la verdad de la consulta.
Principios del oráculo argentinoLos fundamentos sobre los que se asienta el oráculo argentino padecen de un eclecticismo voluntario, que en cierto modo refleja el mixturado carácter de la cultura argentina. Básicamente son cuatro, a saber:
1. La ya mencionada identificación del Tango con el Logos, lo que en los hechos se traduce en entender al Tango como el máximo de sabiduría posible, y a la letra de los tangos en un texto absoluto. Todos los tangos y cada uno de los tangos contienen la verdad, porque la verdad es indivisible y se da toda de una sola vez y en un solo momento. (Más tarde, cuando hubo que diseñar el prototipo de la Rosa del Tango, esta idea sirvió para reducir a treinta y seis los tangos que componían el oráculo, dado que todos los tangos contenían en sí la misma proporción de verdad que treinta y seis de ellos, o que uno solo.) Esto se relacionaba directamente con la Cábala, en el sentido de que un texto absoluto encierra en sí todos los sentidos posibles. O en palabras de Borges: “…Imaginemos asimismo, de acuerdo con la teoría preagustiniana de inspiración verbal, que Dios dicta, palabra por palabra, lo que se propone decir. Esa premisa (que fue la que asumieron los cabalistas) hace de la escritura un texto absoluto, donde la colaboración del azar es calculable en cero. La sola concepción de ese documento es un prodigio superior a cuantos registran sus páginas. Un libro impenetrable a la contingencia, un mecanismo de infinitos propósitos, de variaciones infalibles, de relaciones que acechan, de superposiciones de luz, ¿cómo no interrogarlo hasta lo absurdo, hasta lo prolijo numérico, según hizo la Cábala?”1. En este orden de ideas, la Rosa del Tango es tan sólo un procedimiento posible para acceder a la verdad contenida en el Tango/Logos.
2. Dos postulados: a) todo oráculo es un sistema cerrado en el que las respuestas están implicadas en las preguntas, de modo que, lo que básicamente se pregunta es: “¿De qué color es el caballo blanco de San Martín?”; b) Lo que corrientemente llamamos un hecho o acontecimiento, no es más que una abstracción formada por la selección, más o menos arbitraria, que hacemos al fijar nuestra atención en algunas cosas y dejar de hacerlo respecto de otras. Ambos postulados se relacionan con lo que se dirá más adelante respecto de la predisposición del consultante al tratar sobre el I Ching.
3. Las artes combinatorias de Ramón Llull y la posilibidad, a partir de las ideas de los círculos concéntricos, de diseñar y construir un instrumento que permitiera incorporarlas y atrapar así el instante de incertidumbre que supone el ir a consultar un oráculo. Como señala Borges, la máquina de pensar imaginada por el catalán, funciona abrumadoramente. Y explica: “Imaginemos un problema cualquiera: dilucidar el ‘verdadero’ color de los tigres. Doy a cada una de las letras lulianas el valor de un color, hago rodar los discos y descifro que el inconstante tigre es azul, amarillo, negro, blanco, verde, morado, anaranjado y gris o amarillamente azul, moradamente azul, azulmente azul, etcétera… Ante esa ambigüedad torrencial, los partidarios de la Ars magna no se arredraban: aconsejaban el empleo simoltáneo de muchas máquinas combinatorias, que (según ellos) se irían orientando y rectificando, a fuerza de ‘multiplicaciones’ y ‘evacuaciones’. Durante mucho tiempo, muchos creyeron que en la paciente manipulación de esos discos estaba la segura revelación de todos los arcanos del mundo”.2 Luego, queda claro que lo más importante es el mecanismo o sistema, puesto que los valores sobre los que opera pueden variar infinitamente sin que varíe jamás el procedimiento.
4. El I Ching, con sus exagramas y sus comentarios, permitía la incorporación de una simbología específica y un modo de vincular el instante preciso de la consulta con el destino de aquél que iba al oráculo3. (Los símbolos los encontré en la siempre atractiva cultura celta, cuyas raíces han calado tan hondo en la región en que yo vivo.) Para los comentarios, traté de percibir y respetar el sentimiento, la emoción, los sentidos y la iconografía en los que suele manifestarse la idiosincrasia argentina.
Notas explicativas para el Broli del Tango y la obtención del oráculo a través de la Rosa del Tango
A continuación intentaré explicar brevemente en qué consisten la Rosa del Tango, el Broli del Tango y los Seis Símbolos.
El Broli del Tango.Es una especie de Biblia argentina, y está constituido por: a) treinta y seis tangos elegidos por mí discrecionalmente; b) los comentarios respecto de la sabiduría contenida en ellos y su relación con los símbolos que representan un conjunto de ideas, conceptos y definiciones, y que actúan en la ocasión y según la ocasión.
Como el I Ching, puede ser leído de dos maneras:
a)como libro sapiencial, para comprender las enseñanzas encerradas en sus líneas;
b)como libro adivinatorio, también llamada consulta oracular, lo que puede considerarse el momento más libre del ser humano, pues es el instante previo a que su destino quede sellado para siempre. Este es un concepto particularmente importante, pues es lo que valida todo el sistema: el destino del consultante se conforma con la disposición que deja señalada el oráculo. Entre todas las posibilidades que había, todas resultaron contingentes, salvo una que se actualizó4. Esta es la que permite vislumbrar el destino y ayuda al consultante a tomar la decisión o elegir un curso de acción. Wilhelm, en relación al I Ching, lo explica de este modo: “Aquí se esboza la psicología del oráculo. El consultante del oráculo formula su asunto con palabras precisas y recibe luego como un eco carente de toda consideración, ya se trate de cosas cercanas o lejanas, secretas y hondas, el oráculo adecuado que se lo pone en condiciones de conocer el futuro. La idea subyacente es que en este proceso entran en mutua relación lo consciente y lo supraconsicente. Lo consciente llega hasta la formulación. Con la partición de los palillos (con el giro de los discos y la aguja, en el caso de la Rosa del Tango) entra a funcionar lo inconsciente, y de esta partición proviene luego, al cotejarse el resultado con el texto del Libro, el oráculo”5. Y más adelante: “… las condiciones del Libro de las Mutaciones pueden compararse muy atinadamente con la red de una instalación eléctrica que penetra y atraviesa toda la trama de las circunstancias. Esta red tan sólo posee la posibilidad6 de alumbrar, pero en sí misma no alumbra. Así pues, cuando el consultante establece el contacto con una situación determinada, la corriente recibe un estímulo y la situación correspondiente se ilumina…”7
Si lo que corrientemente llamamos un hecho o suceso es ciertamente una abstracción, también lo es aquello a lo que llamamos momento o instante. Así, la existencia es una continudad que tiene un principio y un fin y que se desarrolla de manera sucesiva, de modo que cada momento supone un instante anterior y predice uno posterior. Cada una de estas abstracciones a las que llamamos momento es, en consecuencia, única e irrepetible. Si de alguna manera podemos marcar un hito en uno cualquiera de ellos, éste será parte integrante de la existencia (o el destino, que es otra continuidad) de quien lo ha marcado, de la misma manera en que lo es la información genética que trae cada una de sus células.
En este orden de ideas, la acción del consultante del oráculo es determinante para su destino, pero también lo es una natural predisposición para recibir el mensaje que el oráculo devuelve. “… Al final se señala que es menester cierta capacidad interior para comprender el Libro, pues de otro modo permanecerá cerrado y como protegido por siete sellos. Cuando el consultante del oráculo no se halla en contacto con el sentido (el Tao), no recibe una respuesta que tenga sentido, que sea significativa, puesto que sería en vano que la obtuviera”.8
Esta es quizá la parte más esotérica de todo el asunto, la necesaria conexión del consultante con el sentido, si por tal entendemos una relación inefable con ciertas ocultas fuerzas que rigen el devenir del universo. Pero también sentido puede referirse al modo en que vamos a validar o interpretar lo que recibamos a cambio de nuestra consulta. Creo que para entender cabalmente esto último habría que olvidarse por un momento de las categorías de sujeto y objeto, que tienden a congelar el devenir.
Los comentarios no tienen un contenido moral ni tampoco una orientación en tal sentido. Antes bien se trata del relato descarnado de lo que uno es en sí mismo, más allá de que nos guste o no.
La Rosa del TangoEs el instrumento con el que se obtiene el oráculo. La Rosa del Tango es al Broli del Tango, lo que las monedas o los tallos de milenrama son al I Ching. De manera que la disposión de los discos y la aguja que resulta de la consulta integra la existencia del consultante, como el color de sus ojos o de su pelo.
Se trata de tres discos concéntricos, dispuestos de mayor a menor, con una aguja (también concéntrica) en forma de T.
Primer Disco o Rueda de los Tangos.El primero y el mayor de los discos, es fijo y está dividido en 36 escaques, con el nombre de los 36 tangos elegidos.
Segundo Disco o Rueda de los ElementosGira y está dividida en cuatro partes iguales que corresponden a los símbolos de la tierra, el agua, el aire y el fuego.
Tercer Disco o Rueda de los AstrosEs también móvil y se parte en mitades que corresponden a los símbolos de la luna y el sol.
La aguja o T centralTambién concéntrica y móvil, que sirve para señalar el Tango y los símbolos que están jugando en la consulta.
Los símbolosSi previamente se relacionaron los símbolos con cada uno de los elementos o con los astros, fue sólo por una mera comodidad explicativa. La verdad es que los símbolos, a la manera de la escritura ideográfica, encierran una multiplicidad de sentidos e ideas directrices de la interpretación del comentario.
Son seis, a saber:

Corresponde a las ideas de sol, luz, día, luminosidad, brillo, claridad, blancura, transparencia, etcétera.