Mostrando entradas con la etiqueta FF. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta FF. Mostrar todas las entradas

jueves 27 de marzo de 2008

La vida en un instante

De vez en cuando se escucha ese cliché que dice que cuando estamos a punto de morir, nuestra propia vida pasa ante nuestros ojos en un instante. A modo de juego, podríamos pensar que en eso consiste la inmortalidad o la eternidad. Que consiste en la eternidad de un instante.

A un momento de nuestra muerte, podría detenerse el tiempo o más bien, podría suceder que nos sustraemos de él, y revivimos nuestra vida. No se trata simplemente de los típicos "momentos importantes", sino que la revivimos segundo a segundo y a todo detalle.

La oscuridad anestética se va desvaneciendo poco a poco hasta que salimos al mundo. Crecemos y el mundo va cambiando de a poco, nuestro mundo. Conocemos el placer y el dolor, más tarde la alegría y la tristeza; luego el amor, el odio, la envidia, la felicidad, la angustia, el rencor y toda la gama de sentimientos. Vivimos. Hasta que un día, llega el día.

A un momento de nuestra muerte, bien podría suceder que nuevamente nos sustraemos del tiempo y revivimos nuestra vida. Segundo a segundo y a todo detalle. Una y otra vez.

lunes 18 de febrero de 2008

Sobre la poesía y el tiempo

Adaptación de "Sobre poesía. Fragmentos de lecciones" en Juan de Mairena de Antonio Machado.

Hay una poesía qeu se nutre de superlativos. El poeta pretende elevar su corazón hasta ponerlo fuera de tiempo, en el "topos uranos" de las ideas. Esta poesía, acompañada a veces de una emoción característica, que es la emoción de los superlativos, puede ser realmente poética, mientras el poeta no logra su propósito. Lo que quiere decir que el proposito, al menos, es antipoético.

Si leyerais a Kant os encontrariais con aquella su famosa parábola de la paloma que, al sentir en las alas la resistencia que le opone el aire, sueña que podría volar mejor en el vacío. Conste ahora, no más, que existe -creo yo- una paloma lírica que suele eliminar el tiempo para mejor a lo eterno y que, como la kantiana, ignora la ley de su propio vuelo.

Porque ¿cantaría el poeta sin la angustia del tiempo, si nesa fatalidad de que las cosas no sean para nosotros, como para Dios, todas a la par, sino dispuestas en serie y encartuchadas como balas de rifle, para dispararlas una tras otra? Que hayamos de esperar a que se fría un huevo, a que se abra una puerta o a que madure un pepino, es algo, señores, que merece vuestra reflexión. En cuanto nuestra vida coincide con nuestra conciencia, es el tiempo la realidad última, rebelde al conjuto de la lógica, irreductible, inevitable, fatal. Vivir es devorar tiempo: esperar; y por muy trascendente que quiera ser nuestra espera, siempre será espera de seguir esperando.

Adrede evito la palabra "esperanza", que es uno de esos grandes superlativos con que aludimos a un esperar los bienes supremos, tras de los cuales ya no habría nada que esperar. Es palabra que encierra un concepto teológico, impropio de una cátedra de Retórica y Poética. Tampoco quiero hablaros del Infierno, por no impresionar a desagradablemente vuestra fantasía. Sólo he de advertiros que allí se renuncia a la esperanza, en el sentido teológico, pero no al tiempo y a la espera de una infinita serie de desdichas. Es el infierno la espeluznante mansión del tiempo, en cuyo círculo más hondo está Satanás dando cuerda a un reloj gigantesco por su propia mano.

lunes 11 de febrero de 2008

El fin de la eternidad / Paradoja temporal elástica

Hace unas semanas tuve la posibilidad de leer El fin de la eternidad de Isaac Asimov, un libro que siempre me había interesado e intrigado por su título inverosímil. Claro está que hay muchas concepciones de la eternidad, las que empero se reducen a dos: o bien la eternidad es duración temporal infinita, o bien se concibe a la eternidad como una suerte "eterno ahora" anterior al tiempo. De cualquier modo, concebir un fin para la eternidad me resultaba totalmente contradictorio.

La eternidad de la novela de Asimov, en realidad es de un género totalmente diferente; se trata de una organización situada fuera del tiempo, cuya función es observar los diferentes siglos, introduciendo cambios temporales en ellos de modo que la humanidad alcance el mayor grado de felicidad.

La historia se centra en Andrew Harlan, un "ejecutor" de tales cambios temporales, y en su affaire prohibido con una mujer perteneciente al tiempo, y no a la eternidad. El arrebato pasional de Harlan lleva a peligrar a la misma eternidad, ya que esta depende de que un joven matemático, Brinsley Sheridan Cooper, se situe en el siglo XXIV y ayude a Vikkor Malansohn, el teórico que posibilitó la eternidad, a cumplir su cometido. Aunque en realidad, tras la muerte de éste, Cooper ha de suplantarlo, debiéndole la eternidad a Cooper la invención de la tecnología necesaria para su existencia.

En resumen, en la trama se encuentra la etenidad desarrollada, esforzándose en cerrar el círculo, en crearse, recrearse, perpetuarse. En caso de que este no se cierre, la eternidad desaparecería pues nunca habría sido creada.

Sin embargo, tras el sabotaje perpetrado por Harlan -que deja a Cooper perdido en el Siglo XX-, el mismo Harlan, arrepentido, se dirije al mismo siglo a rescatarlo. Allí es convencido por su compañera de que la necesidad de que la humanidad desarrolle su propia historia normalmente, sin la supervisión paternal de la eternidad, de la necesidad del desarrollo de las armas atómicas para el viaje interestelar y la conquista del universo.

Harlan decide entonces dejar a Cooper imposibilitado para cumplir su destino creador de la eternidad y reemplaza su misión por la de ayudar a desarrollar la base teórica para el uso de la fisión nuclear.

Así, la paradoja temporal no supone una concepción de tiempo estática, ya que no se quiebra la continuidad de éste. El tiempo es ahora concebido como algo dinámico; al cambiar se genera un nuevo curso, del mismo modo que poniendo obstáculos a un río es posible reencausarlo.

miércoles 6 de febrero de 2008

Millennium / Paradoja temporal estática

Ya desde chico me obsesionó la especulación -sea de corte científico o de corte filosófico, si es que se puede hacer un corte tan tajante- y la primera vez que me topé con esta temática fue con Millenium, una película de 1989. En ese entonces era muy chico para comprenderla críticamente por dos motivos: primero, por mi corta edad, pero también porque creía en la supremacía de la razón para decidir una cuestión de especulación.
Hace poco conseguí nuevamente esta película y pude verla nuevamente. Esperaba que no me atrapara tanto como lo había hecho de chico. Por suerte me equivoqué.

Un vuelo de pasajeros choca contra otro avión por una distracción del controlador aéreo a cargo. La caja negra revela el dato que desencadena la trama; antes de cortarse la grabación el copiloto ve a los pasajeros y exclama "Están todos muertos y carbonizados".
Luego el investigador a cargo del caso encuentra en su segundo día de trabajo -tras una noche de sexo con una mujer a la que recién conoce- un arma paralizante futurística e inconscientemente se hiere con ella, quedando en el límite entre la consciencia y la inconsciencia.
La mujer con la que había pasado la noche aparece y le quita el arma. Sin embargo, cuando él dice su nombre, extrañado de verla allí, ella se sorprende y rápidamente desaparece.

La mujer relata lo sucedido a su jefe. Se revela entonces que ella es la agente estrella de un comando futurista cuya misión es secuestrar gente a punto de morir para poblar el futuro, ya que los altos niveles de polución han vuelto estéril a la humanidad. Cualquier cambio brusco en su pasado tiene inmediatas repercusiones en su presente -nuestro futuro- y por este motivo ella ha tratado de recuperar el arma con la que el investigador se hirió.
El hecho de que él la haya reconocido pero que ella no lo reconozca implica que en el pasado del investigador se han conocido, por lo cual ella debe viajar al día anterior al accidente con el arma para conocerlo y consecuentemente, evitar una paradoja temporal que destruya su presente.

Sin embargo, todos estos sucesos logran que el investigador se interese aún más por el caso y se dirija a ver a un físico especulativo, quien cree en la posibilidad -y la realidad- de los viajes temporales.
Una vez reunidos, el físico le muestra que el también tiene un arma paralizante, a la cuál le falta la batería. El investigador poseé su propia batería -que accidentalmente fue dejada por la agente del futuro- y con ella activa el arma.
En este momento la agente se materializa e intenta detenerlos, revelando la verdad de los viajes en el tiempo y de lo sucedido. Sin embargo es demasiado tarde ya que el físico sin querer dispara el arma, asesinándose y provocando una paradoja de magnitud infinita, ya que sus estudios son la base teórica para la construcción de la máquina del tiempo.

La agente se lleva al investigador al futuro sólo para encontrar que éste se está destruyendo. Deciden entonces, llevarse a todas la gente abducida de los aviones a punto de estrellar a un futuro lejano donde puedan recomenzar la civilización humana.

martes 27 de noviembre de 2007

El circo metafísico

El Mundo de las Ideas platónico contiene las formas de todo lo que existe en nuestro mundo, mudable e imperfecto. Así, es una suerte de circo metafísico.

La imaginación empero puede ser mucho más amplia que la realidad, como lo demuestra la historia de la filosofía y la literatura. Alma, Cosmos y Dios son tres de las ideas que Kant presenta y que hoy en día mantienen su valor mas como objetos fantásticos.

Podemos incluir en esa lista al mismo Mundo de las Ideas, puesto que en nuestro circo metafísico la única condición de membresía es ser producto de la imaginación, de la fantasía.

Junto al cielo platónico, podemos encontrar el cielo cristiano con sus confusos órdenes demónicos, el Eliseo, el Hades, el Valhalla, los infinitos mundos, sucesivos los de Anaximandro, coetáneos los de Schopenhauer, y todos aquellos que nuestra imaginación poética aún no haya tejido y presentado.

Quiero que UKH, entre otras cosas, sea un pequeño circo metafísico.




At precisely eight-o-five
Doctor Frederick von Meier
Will attempt his famous dive
Through a solid sheet of luminescent fire.

In the center of the ring
They are torturing a bear
And although he cannot sing
They can make him whistle Londondderry Air

And the price is right,
The cost of one admission is your mind

We shall shortly institute
A synopticon of fear
While it's painful, it will suit
Many customers whose appetities are queer

Or for those who wish to pay
There are children you can bleed
In a most peculiar way
We can give you all the instruments you'll need

And the price is right,
The cost of one admission is your mind

If you're harder yet to serve
We have most delightful dreams;
Our recorders will preserve
The intensity and passion of your screams.

For we only aim to please;
It's our customers who gain
As their appetities increase
They must come to us for pleasure and for pain.

And the price is right,
The cost of one admission is your mind.

miércoles 14 de noviembre de 2007

La rosa del tango

El siguiente texto es elaboración del escritor argentino Juan Ignacio Prola, a quien tuve el gusto de conocer en Agosto de este año en un congreso de Filosofía, en el cual presentó el siguiente texto que me resulto de gran inspiración. En él cuenta la génesis de La rosa del tango instrumento oracular utilizado en su novela homonima, la cual recomiendo.


El oráculo argentino

La tendencia a mirar la Filosofía desde el arte o lo lúdico registra en la Argentina una tradición de casi un siglo y un heterogéneo catálogo de nombres. Los principales, los que a mí me movieron a jugar en esa liga, fueron los de Macedonio, Borges, el Girondo de “En la masmédula”, Xul Xolar y ciertos espejismos de Luis Jalfen. Dado que entre los temas propuestos para el workshop del congreso están la teoría del juego, la teoría de las probabilidades y la imperiosa y práctica necesidad de tener que tomar decisiones por parte de los “agentes” (humanos o informáticos) que operan en el mundo, me pareció oportuno presentar el Oráculo Argentino, pues creo que en él se conjugan los temas antes aludidos.

Formamos parte de una era de cambios veloces, inventos increíbles y comunicaciones en tiempo real, no alcanzamos a hacer pié en una roca que el río ya nos arrastra. Nuevas formas de saber, ciertos modos diferentes de darle sentido al mundo, distintas maneras de entender al ser empiezan a aflorar aquí y allá. El discurso científico-racionalista ya no alcanza para explicar un universo que estalla en individuaciones, en multiplicidad de sentidos, en diversidad de interpretaciones. Los términos, las palabras, los conceptos que antes validaban ese discurso se han gastado. Entre otras cosas, ya no sirven para explicar el ser. En un universo en el que se han perdido las referencias, buscarle nuevos sentidos a las cosas es, más que un deber, una necesidad vital.

El Oráculo Argentino nació durante los aciagos primeros años del nuevo milenio, y por menesteres estrictamentente literarios. Por aquellos días yo estaba escribiendo una novela cuyo argumento me rondaba desde otras épocas funestas, la caída del gobierno de Alfonsín. Dicho argumento planteaba la desaparición territorial de la Argentina, la diáspora de los argentinos por el mundo y la aparición de un sentimiento antiargentino, similar al antisemitismo de la primera mitad del siglo pasado en Europa. Me percaté entonces de que era necesario, para la supervivencia de los argentinos como nación, que hubiera una especie de patria portátil, una argamasa de símbolos, ritos, tradiciones y sentimientos comunes que los uniera más allá del tiempo y la distancia. Y dado que el tango y su cultura parecen ser lo más universal que hemos creado los argentinos, fácilmente se podía constituir en el elemento unificador de la argentinidad en el exilio. Luego, el ímpetu de creer en mis personajes, me llevó a someter el procedimiento de escritura a las mismas reglas que operaban en el mundo donde se desarrollaba la acción.

Me vi entonces en la necesidad de darle un rango metafísico al tango identificándolo con el Logos, es decir, atribuyéndole el carácter de fuente de donde mana toda verdad posible. En otras palabras, se trataba de un mundo en el que el Tango le daba sentido al ser, lo explicaba, le atribuía sus propiedades y establecía sus principios y causas primeras. Además, en homenaje a esa forma práctica en que se traduce el escepticismo característico de los argentinos, había que traducir todo esto en un ritual que permitiera obtener esa verdad según se presentara el caso. Tenía que haber un instrumento que permitiera traducir la verdad informe contenida en el Tango, en la verdad concreta que diera respuesta efectiva a la inquietud actual de los seres que vivían bajo esos códigos.

Así nació la idea de un oráculo argentino, y la invención de un instrumento que permitiera consultarlo.

Desnudo de la parte argumental o novelística para la que originariamente fue pensado, el Oráculo Argentino queda compuesto por dos cosas, a saber:

1. La Rosa del Tango: que es el instrumento que permite fijar el momento en que se consulta el oráculo; y
2. El Broli del Tango: que es el libro donde se encuentran los comentarios sobre los tangos de los cuales se extrae la verdad de la consulta.


Principios del oráculo argentino

Los fundamentos sobre los que se asienta el oráculo argentino padecen de un eclecticismo voluntario, que en cierto modo refleja el mixturado carácter de la cultura argentina. Básicamente son cuatro, a saber:

1. La ya mencionada identificación del Tango con el Logos, lo que en los hechos se traduce en entender al Tango como el máximo de sabiduría posible, y a la letra de los tangos en un texto absoluto. Todos los tangos y cada uno de los tangos contienen la verdad, porque la verdad es indivisible y se da toda de una sola vez y en un solo momento. (Más tarde, cuando hubo que diseñar el prototipo de la Rosa del Tango, esta idea sirvió para reducir a treinta y seis los tangos que componían el oráculo, dado que todos los tangos contenían en sí la misma proporción de verdad que treinta y seis de ellos, o que uno solo.) Esto se relacionaba directamente con la Cábala, en el sentido de que un texto absoluto encierra en sí todos los sentidos posibles. O en palabras de Borges: “…Imaginemos asimismo, de acuerdo con la teoría preagustiniana de inspiración verbal, que Dios dicta, palabra por palabra, lo que se propone decir. Esa premisa (que fue la que asumieron los cabalistas) hace de la escritura un texto absoluto, donde la colaboración del azar es calculable en cero. La sola concepción de ese documento es un prodigio superior a cuantos registran sus páginas. Un libro impenetrable a la contingencia, un mecanismo de infinitos propósitos, de variaciones infalibles, de relaciones que acechan, de superposiciones de luz, ¿cómo no interrogarlo hasta lo absurdo, hasta lo prolijo numérico, según hizo la Cábala?”1. En este orden de ideas, la Rosa del Tango es tan sólo un procedimiento posible para acceder a la verdad contenida en el Tango/Logos.
2. Dos postulados: a) todo oráculo es un sistema cerrado en el que las respuestas están implicadas en las preguntas, de modo que, lo que básicamente se pregunta es: “¿De qué color es el caballo blanco de San Martín?”; b) Lo que corrientemente llamamos un hecho o acontecimiento, no es más que una abstracción formada por la selección, más o menos arbitraria, que hacemos al fijar nuestra atención en algunas cosas y dejar de hacerlo respecto de otras. Ambos postulados se relacionan con lo que se dirá más adelante respecto de la predisposición del consultante al tratar sobre el I Ching.
3. Las artes combinatorias de Ramón Llull y la posilibidad, a partir de las ideas de los círculos concéntricos, de diseñar y construir un instrumento que permitiera incorporarlas y atrapar así el instante de incertidumbre que supone el ir a consultar un oráculo. Como señala Borges, la máquina de pensar imaginada por el catalán, funciona abrumadoramente. Y explica: “Imaginemos un problema cualquiera: dilucidar el ‘verdadero’ color de los tigres. Doy a cada una de las letras lulianas el valor de un color, hago rodar los discos y descifro que el inconstante tigre es azul, amarillo, negro, blanco, verde, morado, anaranjado y gris o amarillamente azul, moradamente azul, azulmente azul, etcétera… Ante esa ambigüedad torrencial, los partidarios de la Ars magna no se arredraban: aconsejaban el empleo simoltáneo de muchas máquinas combinatorias, que (según ellos) se irían orientando y rectificando, a fuerza de ‘multiplicaciones’ y ‘evacuaciones’. Durante mucho tiempo, muchos creyeron que en la paciente manipulación de esos discos estaba la segura revelación de todos los arcanos del mundo”.2 Luego, queda claro que lo más importante es el mecanismo o sistema, puesto que los valores sobre los que opera pueden variar infinitamente sin que varíe jamás el procedimiento.
4. El I Ching, con sus exagramas y sus comentarios, permitía la incorporación de una simbología específica y un modo de vincular el instante preciso de la consulta con el destino de aquél que iba al oráculo3. (Los símbolos los encontré en la siempre atractiva cultura celta, cuyas raíces han calado tan hondo en la región en que yo vivo.) Para los comentarios, traté de percibir y respetar el sentimiento, la emoción, los sentidos y la iconografía en los que suele manifestarse la idiosincrasia argentina.


Notas explicativas para el Broli del Tango y la obtención del oráculo a través de la Rosa del Tango

A continuación intentaré explicar brevemente en qué consisten la Rosa del Tango, el Broli del Tango y los Seis Símbolos.

El Broli del Tango.

Es una especie de Biblia argentina, y está constituido por: a) treinta y seis tangos elegidos por mí discrecionalmente; b) los comentarios respecto de la sabiduría contenida en ellos y su relación con los símbolos que representan un conjunto de ideas, conceptos y definiciones, y que actúan en la ocasión y según la ocasión.

Como el I Ching, puede ser leído de dos maneras:

a)como libro sapiencial, para comprender las enseñanzas encerradas en sus líneas;
b)como libro adivinatorio, también llamada consulta oracular, lo que puede considerarse el momento más libre del ser humano, pues es el instante previo a que su destino quede sellado para siempre. Este es un concepto particularmente importante, pues es lo que valida todo el sistema: el destino del consultante se conforma con la disposición que deja señalada el oráculo. Entre todas las posibilidades que había, todas resultaron contingentes, salvo una que se actualizó4. Esta es la que permite vislumbrar el destino y ayuda al consultante a tomar la decisión o elegir un curso de acción. Wilhelm, en relación al I Ching, lo explica de este modo: “Aquí se esboza la psicología del oráculo. El consultante del oráculo formula su asunto con palabras precisas y recibe luego como un eco carente de toda consideración, ya se trate de cosas cercanas o lejanas, secretas y hondas, el oráculo adecuado que se lo pone en condiciones de conocer el futuro. La idea subyacente es que en este proceso entran en mutua relación lo consciente y lo supraconsicente. Lo consciente llega hasta la formulación. Con la partición de los palillos (con el giro de los discos y la aguja, en el caso de la Rosa del Tango) entra a funcionar lo inconsciente, y de esta partición proviene luego, al cotejarse el resultado con el texto del Libro, el oráculo”5. Y más adelante: “… las condiciones del Libro de las Mutaciones pueden compararse muy atinadamente con la red de una instalación eléctrica que penetra y atraviesa toda la trama de las circunstancias. Esta red tan sólo posee la posibilidad6 de alumbrar, pero en sí misma no alumbra. Así pues, cuando el consultante establece el contacto con una situación determinada, la corriente recibe un estímulo y la situación correspondiente se ilumina…”7

Si lo que corrientemente llamamos un hecho o suceso es ciertamente una abstracción, también lo es aquello a lo que llamamos momento o instante. Así, la existencia es una continudad que tiene un principio y un fin y que se desarrolla de manera sucesiva, de modo que cada momento supone un instante anterior y predice uno posterior. Cada una de estas abstracciones a las que llamamos momento es, en consecuencia, única e irrepetible. Si de alguna manera podemos marcar un hito en uno cualquiera de ellos, éste será parte integrante de la existencia (o el destino, que es otra continuidad) de quien lo ha marcado, de la misma manera en que lo es la información genética que trae cada una de sus células.

En este orden de ideas, la acción del consultante del oráculo es determinante para su destino, pero también lo es una natural predisposición para recibir el mensaje que el oráculo devuelve. “… Al final se señala que es menester cierta capacidad interior para comprender el Libro, pues de otro modo permanecerá cerrado y como protegido por siete sellos. Cuando el consultante del oráculo no se halla en contacto con el sentido (el Tao), no recibe una respuesta que tenga sentido, que sea significativa, puesto que sería en vano que la obtuviera”.8

Esta es quizá la parte más esotérica de todo el asunto, la necesaria conexión del consultante con el sentido, si por tal entendemos una relación inefable con ciertas ocultas fuerzas que rigen el devenir del universo. Pero también sentido puede referirse al modo en que vamos a validar o interpretar lo que recibamos a cambio de nuestra consulta. Creo que para entender cabalmente esto último habría que olvidarse por un momento de las categorías de sujeto y objeto, que tienden a congelar el devenir.

Los comentarios no tienen un contenido moral ni tampoco una orientación en tal sentido. Antes bien se trata del relato descarnado de lo que uno es en sí mismo, más allá de que nos guste o no.


La Rosa del Tango

Es el instrumento con el que se obtiene el oráculo. La Rosa del Tango es al Broli del Tango, lo que las monedas o los tallos de milenrama son al I Ching. De manera que la disposión de los discos y la aguja que resulta de la consulta integra la existencia del consultante, como el color de sus ojos o de su pelo.

Se trata de tres discos concéntricos, dispuestos de mayor a menor, con una aguja (también concéntrica) en forma de T.


Primer Disco o Rueda de los Tangos.

El primero y el mayor de los discos, es fijo y está dividido en 36 escaques, con el nombre de los 36 tangos elegidos.


Segundo Disco o Rueda de los Elementos


Gira y está dividida en cuatro partes iguales que corresponden a los símbolos de la tierra, el agua, el aire y el fuego.


Tercer Disco o Rueda de los Astros

Es también móvil y se parte en mitades que corresponden a los símbolos de la luna y el sol.


La aguja o T central

También concéntrica y móvil, que sirve para señalar el Tango y los símbolos que están jugando en la consulta.


Los símbolos

Si previamente se relacionaron los símbolos con cada uno de los elementos o con los astros, fue sólo por una mera comodidad explicativa. La verdad es que los símbolos, a la manera de la escritura ideográfica, encierran una multiplicidad de sentidos e ideas directrices de la interpretación del comentario.


Son seis, a saber:

Corresponde a las ideas de sol, luz, día, luminosidad, brillo, claridad, blancura, transparencia, etcétera.

Corresponde a las ideas de luna, noche, oscuridad, negrura, ceguera, penumbra, etcétera.


Corresponde a las ideas de fuego, calor, fiebre, ardor, pasión, amor, sinrazón, etcétera.


Corresponde a las ideas de aire, ligereza, liviandad, transparencia, frescura, viento, cielo, nube, etcétera.


Corresponde a las ideas de agua, líquido, bebida, sed, lluvia, mar, rocío, humedad, etcétera.


Corresponde a las ideas de tierra, polvo, suelo, montaña, vegetación, hogar, lugar, refugio, etcétera.


El símbolo regente, en cada consulta del oráculo, es siempre el símbolo de la rueda de los astros, y es el que determina la orientación con la que ha de interpretarse el tango. En la consulta oracular sólo se lee el tango que quedó indicado por la T central, y los comentarios correspondientes al astro y elemento marcados por ella.

Planos de la Rosa del tango


Rueda de los tangos



Rueda de los elementos


Rueda de los astros

Your browser may not support display of this image.
T central


El programa

Finalmente pude construir un prototipo de madera y plástico para escribir la novela; de manera que podía consultar el oráculo para conocer el destino del protagonista del relato. Pero dado que mi idea era que cada una de las personas que leyera el libro tuviera la posibilidad de usar el juego, pronto me di cuenta de que era inconveniente, dificultoso y caro fabricar una Rosa del Tango de madera o plástico para cada libro. Se me ocurrió que el modelo material se podía reemplazar por uno virtual, por lo que desarrollé un programa para consultar el oráculo argentino.

Los invito entonces a jugar con la Rosa del Tango, a jugar, como quería Nietzsche, con la seriedad con que juega un niño. Los invito a creer en el juego.



Más información en www.larosadeltango.com.ar

viernes 9 de noviembre de 2007

Historia científica e historia mítica

Gracias al avance tecnológico y al interés del hombre por su historia, actualmente se registran los acontecimientos sucedidos de la forma más completa en la misma historia del hombre, de modo que los libros de Historia de mañana seguramente gozarán de mayores precisiones y sean más fieles a los hechos que la historia de nuestros días.

Consecuentemente, a medida que retrocedemos en la historia del hombre, ésta se va haciendo paulatinamente menos historia universal -es decir, la historia del hombre contada por el hombre mismo- y se transforma en historia mitológica primero -la historia del hombre contada por sus dioses-, para luego hacerse historia natural: la historia del mundo indicada por el mundo mismo, por sus fósiles, por su faz...

No se tratan estos tres tipos de historia en realidad en tres tipos sucesivos, ni siquiera es correcta la elucidación antes presentada. Más bien convendría decir que existen dos tipos de historia: una historia científica, que se ocupa de explicar hechos directa o indirectamente documentados, y una historia mítica, pasada de tradición en tradición, nacida del asombro de la imaginación y rica en imágenes poéticas.
Así la historia universal y la historia natural son ambas historias científicas, aunque la primera posea un registro e interpretación directa de los hechos que conforman su objeto, mientras que la segunda tenga que lidiar con meros indicios.

Así la historia científica no sólo es una explicación más ajustada a la realidad que la historia mítica, sino que con el tiempo su correción crece. Sin embargo, la historia mítica -en su claroscuridad onírica- ha existido desde el alba de la humanidad y su narración retrocede hasta la creación del universo.

Me resulta muy seductor el proyecto de desarrollar -aunque sea a grandes rasgos; especialemente a grandes rasgos- una historia total, una historia en que la narración científica goce de continuidad con la historia mítica. A modo de ejemplo puedo pensar en la historia de un demiurgo que crea el universo, lo dota de leyes, crea a una criatura capaz de conocer -de manera más o menos perfecta- tales leyes y lo abandona a esta raza, o se retira a comtemplar qué sucede.

No puedo dejar de pensar en la narración de la Eneida, en la que en un pasaje se vislumbran los legionarios romanos marchando, conquistando y ordenando el mundo, y se narra la fundación mítica de las ciudades latinas, por los no menos míticos troyanos. Se presenta una continuidad impecable entre mito e historia universal.

lunes 1 de octubre de 2007

Filosofía Ficción III

[Filosofía ficción I | Filosofía ficción II]

Hasta ahora hemos descripto la filosofía ficción como un género meramente narrativo. Sin embargo, existe un fragmento de la filosofía -el Gedankenexperiment o experimento del pensamiento- consistente en imaginar una situación para extraer de su análisis algún dato revelador.
El Gedankenexperiment es entonces una forma de imaginar un suceso, una narración ficticia y filosófica, que conlleva cierto valor filosófico en sí, puesto que de ella es posible extraer un resultado pertinente para la investigación filosófica.
Sin duda, el experimento del pensamiento debe hallar su merecido lugar dentro del género de la filosofía ficción, distinguiéndose su status especial.
A continuación, ofrezco un pequeño Gedankenexperiment que me resulto especialmente clarificador en lo referente a ciertas teorías de la filosofía de la mente.

miércoles 12 de septiembre de 2007

Filosofía Ficción II

[Filosofía ficción I]

Hoy voy a realizar una suerte de estudio de caso sobre la filosofía ficción. Recuerdo que la primera vez que se me ocurrió la idea de la filosofía ficción como género literario fue hace alrededor de un año, cuando leyendo ciertas obras, sentía que se trataban de relatos fantásticos más que de una visión del mundo racional y de una serie de argumentos lógicamente encadenados. Se me ocurrió entonces reinterpretar a estas obras, leerlas no como filosofía sino como ficción; así nació mi idea de la filosofía ficción. A continuación les ofrezco un resumen argumental de una de esas obras, La raza cósmica (1925) de José Vasconcelos.

Según Vasconcelos, la raza roja a la que pertenecen los incas, aztecas y demás civilizaciones y tribus surgidas tras la decadencia de la Atlántida -el primer continente-, es una de las cuatro razas, que también incluye a la raza amarilla -los orientales-, la negra y la blanca. Asímismo, cada una de estas razas tiene como destino llegar a la hegemonía mundial, realizar su misión histórica y decaer; tal es la razón de la destrucción de la Atlántida, pináculo de la raza roja. Actualmente, es la era del predominio de la raza blanca, cuya misión -el desarrollo científico y técnico del mundo- propicuará el desarrollo en su seno de una quinta raza, la raza cósmica, una síntesis de cada una de las cuatro razas, en las cuales los caracteres superiores de cada una de ellas se manifestarán.

El escenario de este conflicto histórico-destinal es la mismísima latinoamérica del mejicano Vasconcelos; en ella, los dos grupos predominantes de la raza blanca, latinos y sajones, mantienen una pugna de importancia histórica sin precedentes. Los latinos y sajones conquistaron el Nuevo Mundo, pero sin embargo su política para con los aborígenes fue diferente. Mientras que los sajones se limitaron a aislarse de ellos y casarse y tener hijos solo entre ellos, fundando una Nueva Inglaterra, los latinos promovieron el mestizaje con los aborígenes -raza roja- y con los esclavos africanos -raza negra-, fundando así no una Nueva España sino una tierra nueva, crisol de razas. El destino de Latinoamérica es dar a la luz a la quinta raza, la raza cósmica, que habitará en el trópico, puesto que el hombre ha nacido allí -en la Atlántida de la raza roja- y su llamado es retornar y realizarse en esa misma área.

Así como originalmente la ley social que regía el apareamiento era la fueza bruta y la ley del más fuerte, en un segundo período -el actual-, la ley regente es la conveniencia. Los estados firman tratados, negocian su límites, acatan religiones y normas. El mestizaje está mal visto, puesto que las razas sostienen un ideal egocéntrico y soberbio de hombre; los judíos se autoproclaman el pueblo elegido, la Iglesia Católica niega que los aborígenes posean alma y el darwinismo social inglés afirma la superioridad del hombre blanco.

Sin embargo, cuando la quinta raza aparezca sobre la faz de la tierra un tercer estado surgirá con ella; el sentimiento estético, de persecución de la belleza reinará sobre los hombres y la sociedad. Así hombres y mujeres se unirán por atracción mutua y no por la fuerza o por una ley que pese sobre ellos, y las uniones durarán lo que dure su mutua simpatía, realizándose así un reino espiritual y estético. La raza cósmica está llamada a ser la última raza y el destino de la humanidad.

Como ven, el texto de Vasconcelos es totalmente insostenible para la época que fue escrito, aunque posea un mensaje digno de alabanza; sin embargo, una lectura del texto como ficción resulta un entretenimiento fascinante puesto que ofrece una historia épica, destinal, repleta de valores heroicos y enemigos diabólicos.

Tal es mi intención al realizar una filosofía ficción.

domingo 2 de septiembre de 2007

Filosofía Ficción I

Existe sin duda una ciencia ficción, una ficción científica, ¿por qué no existe asímismo una filosofía ficción o ficción filosófica? La ciencia ficción se trata de una especulación acerca del impacto que tendría en los individuos y en la sociedad el desarrollo científico y filosófico; la esencia de tal género literario es la especulación de base científica.

Según la concepción wittgensteiniana de la filosofía, esta no puede jamás referirse a hechos mundanos puesto que en tal caso se trataría meramente de ciencia. Asímismo, Carnap afirma que las teorías filosóficas carecen de sentido. La filosofía ficción no podría ser entonces una especulación acerca de cómo sería el mundo si tal o cual metafísica fuera la verdadera. De hecho, ni Wittgenstein ni Carnap aceptarían que la verdad o la falsedad son predicables de las proposiciones metafísicas.

Analicemos entonces los conceptos de ciencia y filosofía a partir de los cuales estos géneros parten. La ciencia no es más que la sistematización del conocimiento empírico. El concepto de filosofía, por su parte, es bastante problemático; por lo tanto, me limitaré a dar dos definiciones de ella y poseera entonces la filosofía ficción una doble fuente para su corpus.

La filosofía -atendiendo a la filosofía trascendental- consiste en un conocimiento del conocimiento mismo, es decir, de las condiciones de posibilidad del conocimiento y, consiguientemente, de las condiciones de posibilidad del mundo mismo, de cómo pueden ser o no ser las cosas. En este sentido, se acerca al concepto de realidad wittgensteiniano o a la concepción de la lógica en el positivismo lógico.
Atendiendo a una concepción más vivencial de la filosofía, ésta consistiría en la intuición del fondo de las cosas, del secreto o sentido de la vida, de conocer a Dios, al Ser, a Lo Uno, al Lógos o como quiera que se lo llame.

Consiguientemente, la filosofía ficción no debe ni puede ser una especulación sobre cómo se altera el mundo según una u otra teoría filosófica sea verdadera o falsa. Debe tratarse más bien de una especulación acerca de una serie de estructuras trascendentales, de una serie de entes que hacen que el mundo sea cómo es y no de otra forma; por ejemplo, de Dios, del Amor Universal, del Principio de Armonía de las Esferas o de la Autorevelación Divina.
A su vez, es posible una segunda clase de ficción filosófica atendiendo a la concepción vivencial de la filosofía; tal género consistiría en un relato que mostrara al Ser -usando terminología jaidegueriana- revelando la esencia de la vida, lo fundamental y uno detrás de la multiplicidad fenoménica, ya sea la Voluntad, el Intelecto, el Anhelo, etc...

[Filosofía Ficción II]