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jueves 5 de junio de 2008

Mate místico

Conocí al Uruguayo en el 2004 creo, pero recién nos empezamos a tratar fluídamente en agosto del 2005 ponéle. Igualmente, el suceso que motiva este escrito sucedió hace unas pocas horas. Voy a tratar de escribirlo para fijar un poco esa nebulosa de sucesos que tengo en la cabeza.
El uruguayo está en Bahía y yo estoy en La Plata. Creo que eso es lo esencial del relato. Sin embargo, me acaba de cebar un mate que jamás olvidaré. El problema también es que cuando digo "acaba" siento que es algo que recién sucede, por la vivacidad del recuerdo; pero la verdad es que no tengo mucha consciencia del paso del tiempo.
Me dijo "tomáte un mate Juani", hizo una pausa y agregó "y ahí me decís si te parece bien o mal eso que estás pensando". Acá no importa mucho qué es lo que estoy pensando. Como para que se entienda digamos que estoy en proceso de tomar una decisión que va a cambiar mi vida drásticamente.
Me tomé el mate y le dije "sabés qué Yuruguá, tenés razón". Callado sonrió, se puso de pie y se metió al baño. Lo esperé, en vano lo esperé unos minutos (5 o 30, no sé cuántos) y no volvió.
Ahí me dí cuenta que el Uruguayo estaba en Bahía y yo en La Plata y que no había forma de que me pudiera haber cebado un mate. Pero el mate que tomé era un mate del Uruguayo. De eso no hay duda.
Creo que la moraleja es que los buenos amigos siempre están presentes cuando uno los necesita. Esa presencia no necesita ser física.

sábado 10 de mayo de 2008

Arte en colaboración

Quiero invitarlos a conocer Arte en colaboración, el blog que pretende explorar la literatura y desarrollarla como esfuerzo interpersonal. Sus autoras, Alguna, acordes con la creencia de que el arte es un proyecto colectivo, se apropian de las palabras de Alejandro Dolina y afirma que:

[...]la creación solitaria es imposible: aun el más personal de los escritores se vale de aportes ajenos[...].
Los
conocimientos previos, el lenguaje, los recuerdos y las influencias
literarias son formas concretas de colaboración. El último colaborador,
tal vez el decisivo, es el lector.

Los invito a que, como yo, lean a las chicas de Arte en colaboración y, claro está, sean el último colaborador.

miércoles 30 de abril de 2008

Suspira el teléfono

El tema de la paternidad durante la adolescencia es harto complicado. Ante la noticia de un embarazo, una pareja de jovencitos se ve ante el dilema de tenerlo o no tenerlo. Muchas veces -las más de las veces-, los futuros padres deben dejar de lado sus sueños y proyectos si deciden tener al hijo.

Hace dos años salía con una chica con la que nos amabamos con locura. La relación era por demás problemática ya que su familia era muy católica y yo un ateo declarado, y mi familia la miraba con desdén porque creían que era poca cosa para mí. Como si una persona fuera una cosa...

La relación duró exactamente un mes y un día, aunque realmente nunca nos importó cuánto tiempo llevabamos sino la intensidad con la que llevababamos la relación. Ese último día, el trigésimo primer día de nuestro amor, fue -lo recuerdo como si fuera ayer- el 18 de septiembre de 2006. Fui a su casa, estuvimos juntos, y a las 4.30 am volvi casa, escuchando The Bogus Man de Roxy Music.

Al otro día la llamé y estaba enferma; la pasé a visitar el 19 y el 20 era su cumpleaños. Por situaciones que no vienen al caso, nos peleamos muy fuerte y de allí en adelante no volvimos a estar juntos, aunque durante un tiempo albergamos la ilusión de volver.

Ilusión que luego fue aplastada por peleas más fuertes. Peleas que hicieron que nos dejaramos de hablar y no la ví más.

Tuve miedo -no sé por qué- de que hubiera quedado embarazada. El 18 de septiembre de 2007 me encontraba en Buenos Aires. En uno de mis paseos me la encontré con su bebé de 3 meses; al parecer vivía ahora en casa de su padre en San Nicolás, a dos cuadras del Obelisco.

Nunca tuve el valor para aceptar que había en el mundo un hijo mío, mucho menos estando enamorado de otra mujer y en una relación con ella. Me molestaba terriblemente, como una picazón que no se puede rascar por no poderla localizar con exactitud en el cuerpo. Mucho más me molestaba la tranquilidad con la que me lo tomaba y la facilidad con la que mantenía ese burdo simulacro frente a mi novia, amigos y familia.

Hace un tiempo un amigo, quien tiene un amigo en común con ella, me consiguió su celular y la llamé. No hablamos mucho; sin duda fue menos de diez minutos. Hablamos de la vida, del amor... o quizá, del amor, de las mujeres y de la muerte, ya no recuerdo. Y hablamos de su hija, María, María a secas.

Y digo de su hija, porque no es mi hija. El bebé con el que la ví era su sobrino; no su hija. Y su hija, no nació aún, sino que nacerá para su cumpleaños, y aparentemente, jamás conocerá al padre.


viernes 25 de abril de 2008

Poseer

Les recomiendo que lean éste hermoso cuento de Alguna Alicia, que nos recuerda que uno sólo poseee a uno mismo y que jamás, jamás de los jamases, es dueño del otro.

lunes 17 de marzo de 2008

La ciudad y el mar

La fundación de la ciudad se llevó a cabo según los criterios usuales; en el centro una plaza, de un lado la casa de gobierno, del lado opuesto la catedral y en los flancos restantes la oficina de correo, el banco y un mercado. Con el tiempo los precarios asentamientos se volvieron, modestas casas primero, para luego encontrarse casas espaciosas, casa hacinadas, casas lujosas, casas casi destruidas, casas al fin. Es que una ciudad tiene su ritmo de vida y aquí no es la excepción.

El distrito comercial del norte se fue haciendo más y más denso hasta que luego comenzo a industrializarse, mientras que hacia el este se expandían los barrios, que hacia el sur se volvían residenciales, con sus parques y sus casonas. Y la ciudad entera se reflejaba hacia el oeste, dibujada o mejor dicho, desdibujada en la espuma del mar.

Los años pasaban y más denso se hacia el distrito industrial como así también más verde el distrito residencial; cuanto más crecía la ciudad hacia el este, más se separaban, más grande era el abismo entre uno y otro. Y más grande era el abismo entre quien vivía en uno y otro sector.
El lujo de los boulevares de frondosos pinos y de las plazas cubiertas por flores y marmol no se correspondía con la aridez del barrio industrial, con sus calles, destruidas y cubiertas de basura, con su aire viciado, ni con las caras ensombrecidas de sus habitantes.

Un día, un día cualquiera, podría nacer alguien, alguien cualquiera que se aventure al oeste, hacia el mar. Que se camine por las playas, por entre la basura y los desperdicios del sector industrial. Quizá el mar no esté tan cerca, quizá mientras camine hacia el oeste el sol se mantenga sobre sus hombros, ilumninándolo, mientras la ciudad se hunde en la oscuridad y en la nada. Quizá encuentre, que hacia el oeste, muy hacia el oeste, no hay un sector industrial y un sector residencial, sino que -muy por el contrario- está todo junto; que trabajo y goce, esfuerzo y satisfacción sean lo mismo, y que la riqueza sea también la pobreza.

Quizá él -o ella- se hunda en el mar y muera, o quizá vuelva, como una ola de mutilación, arrasando con la ciudad suciedad; arrasando con sus divisiones y su status quo, tragándose la basura, los desperdicios del sector industrial, tragándose el sector industrial mismo, desperdicio del sector residencial, y tragándose finalmente al mismísimo barrio residencial, desperdicio sin razón, primera falta.

O quizá sea sólo un sueño la ciudad, toda ciudad, y sólo exista el mar, donde uno es como la ola que vive sin dejar de ser el mar.


lunes 11 de febrero de 2008

El fin de la eternidad / Paradoja temporal elástica

Hace unas semanas tuve la posibilidad de leer El fin de la eternidad de Isaac Asimov, un libro que siempre me había interesado e intrigado por su título inverosímil. Claro está que hay muchas concepciones de la eternidad, las que empero se reducen a dos: o bien la eternidad es duración temporal infinita, o bien se concibe a la eternidad como una suerte "eterno ahora" anterior al tiempo. De cualquier modo, concebir un fin para la eternidad me resultaba totalmente contradictorio.

La eternidad de la novela de Asimov, en realidad es de un género totalmente diferente; se trata de una organización situada fuera del tiempo, cuya función es observar los diferentes siglos, introduciendo cambios temporales en ellos de modo que la humanidad alcance el mayor grado de felicidad.

La historia se centra en Andrew Harlan, un "ejecutor" de tales cambios temporales, y en su affaire prohibido con una mujer perteneciente al tiempo, y no a la eternidad. El arrebato pasional de Harlan lleva a peligrar a la misma eternidad, ya que esta depende de que un joven matemático, Brinsley Sheridan Cooper, se situe en el siglo XXIV y ayude a Vikkor Malansohn, el teórico que posibilitó la eternidad, a cumplir su cometido. Aunque en realidad, tras la muerte de éste, Cooper ha de suplantarlo, debiéndole la eternidad a Cooper la invención de la tecnología necesaria para su existencia.

En resumen, en la trama se encuentra la etenidad desarrollada, esforzándose en cerrar el círculo, en crearse, recrearse, perpetuarse. En caso de que este no se cierre, la eternidad desaparecería pues nunca habría sido creada.

Sin embargo, tras el sabotaje perpetrado por Harlan -que deja a Cooper perdido en el Siglo XX-, el mismo Harlan, arrepentido, se dirije al mismo siglo a rescatarlo. Allí es convencido por su compañera de que la necesidad de que la humanidad desarrolle su propia historia normalmente, sin la supervisión paternal de la eternidad, de la necesidad del desarrollo de las armas atómicas para el viaje interestelar y la conquista del universo.

Harlan decide entonces dejar a Cooper imposibilitado para cumplir su destino creador de la eternidad y reemplaza su misión por la de ayudar a desarrollar la base teórica para el uso de la fisión nuclear.

Así, la paradoja temporal no supone una concepción de tiempo estática, ya que no se quiebra la continuidad de éste. El tiempo es ahora concebido como algo dinámico; al cambiar se genera un nuevo curso, del mismo modo que poniendo obstáculos a un río es posible reencausarlo.

miércoles 30 de enero de 2008

En el andén de la eternidad

Mi tren se iba. Aquel que había construido de apoco, a través de todos los años de mi vida.

La idea era abordarlo, que finalmente la voz en off dejara de amenazar la partida e irme con él al lugar que también había construido desde siempre, precisamente para mudarme allí y que la gente sintiera que desde donde yo les hablaba no llegaba el dolor.

Ese era, entonces, el gran objetivo de mi vida, en aquel momento en que los instantes se me iban con el tren.

Mi vagón estaba justo frente a mis ojos y había decidido abordarlo. Levanté la pierna derecha para subir el escalón y con el pie en reposo, miré a mis espaldas sin darme vuelta.

Vi a lo lejos la figura de la voz de mi consciencia. Sentí sus ojos graves y hasta sus manos frías; y en ese momento se desvaneció mi tren y mi fantasía nueva.
Corrí hacia ella, hasta alcanzarla.

Mientras su figura se volvía más clara, regresaba a mis recuerdos: veía mi desmayo en una clase de inglés y mis compañeras con cara de miedo, sin atreverse a mirarme a los ojos. A medida que me acercaba a ella, volvía a los mareos nauseabundos y a los adultos que me acostaban en el piso con los pies levantados, diciéndome palabras que apenas llegaban a mis orejas, mojadas con lágrimas que recorrían mi sien cuando todos miraban.

Llegué a ella. Me miró. No sé qué pensó al verme. Tal vez me esperaba. Quise abrazarla, pero me alejó lentamente.

Yo sabía que era un sueño, que no había tren físico capaz de llevarme de vuelta a las palabras que ella tomaba de mi mente. ¿Cómo viviría sin ella?

Está bien, me dijo, y me pidió que me tomara mi tren. Miré atrás, pero ya estaba muy lejos. Recuerdo que al terminar el sueño, yo partía en mi tren.

¿Dónde estaba ella? Conmigo, seguramente, aunque no pudiera verla; de la misma forma en que no veo mis propios pensamientos.

Bajo el cielo, mi tren y yo recorrimos vías eternas hasta que nos cansamos de contar ciudades y entonces paramos en el nuevo lugar. Tenía razón, acá también llega el dolor, pero algunas noches sueño con ella. Lentamente hago las paces con los recuerdos, aferrándome a mi vida y a la de mi amiga.

Debo creerle, cuando en sueños me busca para mirarme con sus ojos graves y convencerme de que está conmigo, y que no ha muerto.

jueves 24 de enero de 2008

An die Freude - Ludwig van Beethoven



Freunde, nicht dieser Töne!
Sondern lasst uns angenehmere
anstimmen, und freudenvollere!

Freude, schöner Götterfunken,
Tochter aus Elysium,
wir betreten feuer-trunken,
himmlische, dein Heiligtum!

Deine Zauber binden wieder,
was die Mode streng geteilt;
Alle Menschen werden Brüder,
wo dein sanfter Flügel weilt.

Wem der grosse Wurf gelungen,
eines Freundes Freund zu sein,
wer ein holdes Weib errungen,
mische seinen Jubel ein!

Ja, wer auch nur eine Seele
sein nennt auf dem Erdenrund!
Und wer's nie gekonnt, der stehle
weinend sich aus diesem Bund!

Freude trinken alle Wesen
An den Brüsten der Natur;
Alle Guten, alle Bösen
Folgen ihrer Rosenspur.

Küsse gab sie uns und Reben,
einen Freund, geprüft im Tod;
Wollust ward dem Wurm gegeben,
und der Cherub steht vor Gott.

Froh, wie seine Sonnen fliegen
durch des Himmels Prächt'gen Plan,
laufet, Brüder, eure Bahn,
freudig, wie ein Held zum Siegen.

Freude, schöner Götterfunken,
Tochter aus Elysium,
wir betreten feuer-trunken,
himmlische, dein Heiligtum!

Deine Zauber binden wieder,
was die Mode streng geteilt;
Alle Menschen werden Brüder,
wo dein sanfter Flügel weilt.

Seid umschlungen, Millionen!
Diesen Kuss der ganzen Welt!
Brüder über'm Sternenzelt
muss ein lieber Vater wohnen.

Ihr stürzt nieder, Millionen?
Ahnest du den Schöpfer, Welt?
Such'ihn über'm Sternenzelt!
Über Sternen muss er wohnen.

---

¡Amigos! ¡No estas voces!
¡Más bien comencemos a entonar
algunas más placenteras y alegres!

Alegría, hermosa chispa divina,
hija del Elíseo,
entramos ébrios de tu fuego,
a tu santuario celestial.

Tu magia liga nuevamente
lo que las costumbres con fuerza han separado;
Todos nosotros nos volvemos hermanos,
mientras se posa tu suave ala.

A quien la suerte le ha sonreído,
siendo amigo de su amigo,
quien ha ganado a una bella mujer,
una su júbilo al nuestro.

¡Sí, también quien sólo a un alma
sobre la faz de la tierra propia llame!
¡Y que quien esto desconozca se retire
sollozando fuera de nuestra unión!

Alegría liban todos los seres,
en el seno de la Madre Naturaleza;
Todo los bienes, todos los males,
siguen su camino de rosas.

Besos nos ha dado y la ebriedad,
al amigo, todo hasta la muerte.
Voluptuosidad para el gusano
y el Querubín la visión de Dios.

Así como se deslizan los soles
a través del cielo por hermoso designio,
corred ligeros, hermanos, por vuestro camino,
alegres, como un héroe a la conquista.

Alegría, hermosa chispa divina,
hija del Elíseo,
entramos ébrios de tu fuego,
a tu santuario celestial.

Tu magia liga nuevamente
lo que las costumbres con fuerza han separado;
Todos nosotros nos volvemos hermanos,
mientras se posa tu suave ala.

¡Sed abrazados, millones!
¡Sea este beso para el mundo entero!
Hermanos, por sobre la bóveda estelar
ha de habitar un padre bondadoso.

¿Os postráis, millones?
¿Anhelas al Creador, Mundo?
Buscalo por sobre la bóveda estelar.
Sobre la estrellas ha de habitar.

miércoles 14 de noviembre de 2007

La rosa del tango

El siguiente texto es elaboración del escritor argentino Juan Ignacio Prola, a quien tuve el gusto de conocer en Agosto de este año en un congreso de Filosofía, en el cual presentó el siguiente texto que me resulto de gran inspiración. En él cuenta la génesis de La rosa del tango instrumento oracular utilizado en su novela homonima, la cual recomiendo.


El oráculo argentino

La tendencia a mirar la Filosofía desde el arte o lo lúdico registra en la Argentina una tradición de casi un siglo y un heterogéneo catálogo de nombres. Los principales, los que a mí me movieron a jugar en esa liga, fueron los de Macedonio, Borges, el Girondo de “En la masmédula”, Xul Xolar y ciertos espejismos de Luis Jalfen. Dado que entre los temas propuestos para el workshop del congreso están la teoría del juego, la teoría de las probabilidades y la imperiosa y práctica necesidad de tener que tomar decisiones por parte de los “agentes” (humanos o informáticos) que operan en el mundo, me pareció oportuno presentar el Oráculo Argentino, pues creo que en él se conjugan los temas antes aludidos.

Formamos parte de una era de cambios veloces, inventos increíbles y comunicaciones en tiempo real, no alcanzamos a hacer pié en una roca que el río ya nos arrastra. Nuevas formas de saber, ciertos modos diferentes de darle sentido al mundo, distintas maneras de entender al ser empiezan a aflorar aquí y allá. El discurso científico-racionalista ya no alcanza para explicar un universo que estalla en individuaciones, en multiplicidad de sentidos, en diversidad de interpretaciones. Los términos, las palabras, los conceptos que antes validaban ese discurso se han gastado. Entre otras cosas, ya no sirven para explicar el ser. En un universo en el que se han perdido las referencias, buscarle nuevos sentidos a las cosas es, más que un deber, una necesidad vital.

El Oráculo Argentino nació durante los aciagos primeros años del nuevo milenio, y por menesteres estrictamentente literarios. Por aquellos días yo estaba escribiendo una novela cuyo argumento me rondaba desde otras épocas funestas, la caída del gobierno de Alfonsín. Dicho argumento planteaba la desaparición territorial de la Argentina, la diáspora de los argentinos por el mundo y la aparición de un sentimiento antiargentino, similar al antisemitismo de la primera mitad del siglo pasado en Europa. Me percaté entonces de que era necesario, para la supervivencia de los argentinos como nación, que hubiera una especie de patria portátil, una argamasa de símbolos, ritos, tradiciones y sentimientos comunes que los uniera más allá del tiempo y la distancia. Y dado que el tango y su cultura parecen ser lo más universal que hemos creado los argentinos, fácilmente se podía constituir en el elemento unificador de la argentinidad en el exilio. Luego, el ímpetu de creer en mis personajes, me llevó a someter el procedimiento de escritura a las mismas reglas que operaban en el mundo donde se desarrollaba la acción.

Me vi entonces en la necesidad de darle un rango metafísico al tango identificándolo con el Logos, es decir, atribuyéndole el carácter de fuente de donde mana toda verdad posible. En otras palabras, se trataba de un mundo en el que el Tango le daba sentido al ser, lo explicaba, le atribuía sus propiedades y establecía sus principios y causas primeras. Además, en homenaje a esa forma práctica en que se traduce el escepticismo característico de los argentinos, había que traducir todo esto en un ritual que permitiera obtener esa verdad según se presentara el caso. Tenía que haber un instrumento que permitiera traducir la verdad informe contenida en el Tango, en la verdad concreta que diera respuesta efectiva a la inquietud actual de los seres que vivían bajo esos códigos.

Así nació la idea de un oráculo argentino, y la invención de un instrumento que permitiera consultarlo.

Desnudo de la parte argumental o novelística para la que originariamente fue pensado, el Oráculo Argentino queda compuesto por dos cosas, a saber:

1. La Rosa del Tango: que es el instrumento que permite fijar el momento en que se consulta el oráculo; y
2. El Broli del Tango: que es el libro donde se encuentran los comentarios sobre los tangos de los cuales se extrae la verdad de la consulta.


Principios del oráculo argentino

Los fundamentos sobre los que se asienta el oráculo argentino padecen de un eclecticismo voluntario, que en cierto modo refleja el mixturado carácter de la cultura argentina. Básicamente son cuatro, a saber:

1. La ya mencionada identificación del Tango con el Logos, lo que en los hechos se traduce en entender al Tango como el máximo de sabiduría posible, y a la letra de los tangos en un texto absoluto. Todos los tangos y cada uno de los tangos contienen la verdad, porque la verdad es indivisible y se da toda de una sola vez y en un solo momento. (Más tarde, cuando hubo que diseñar el prototipo de la Rosa del Tango, esta idea sirvió para reducir a treinta y seis los tangos que componían el oráculo, dado que todos los tangos contenían en sí la misma proporción de verdad que treinta y seis de ellos, o que uno solo.) Esto se relacionaba directamente con la Cábala, en el sentido de que un texto absoluto encierra en sí todos los sentidos posibles. O en palabras de Borges: “…Imaginemos asimismo, de acuerdo con la teoría preagustiniana de inspiración verbal, que Dios dicta, palabra por palabra, lo que se propone decir. Esa premisa (que fue la que asumieron los cabalistas) hace de la escritura un texto absoluto, donde la colaboración del azar es calculable en cero. La sola concepción de ese documento es un prodigio superior a cuantos registran sus páginas. Un libro impenetrable a la contingencia, un mecanismo de infinitos propósitos, de variaciones infalibles, de relaciones que acechan, de superposiciones de luz, ¿cómo no interrogarlo hasta lo absurdo, hasta lo prolijo numérico, según hizo la Cábala?”1. En este orden de ideas, la Rosa del Tango es tan sólo un procedimiento posible para acceder a la verdad contenida en el Tango/Logos.
2. Dos postulados: a) todo oráculo es un sistema cerrado en el que las respuestas están implicadas en las preguntas, de modo que, lo que básicamente se pregunta es: “¿De qué color es el caballo blanco de San Martín?”; b) Lo que corrientemente llamamos un hecho o acontecimiento, no es más que una abstracción formada por la selección, más o menos arbitraria, que hacemos al fijar nuestra atención en algunas cosas y dejar de hacerlo respecto de otras. Ambos postulados se relacionan con lo que se dirá más adelante respecto de la predisposición del consultante al tratar sobre el I Ching.
3. Las artes combinatorias de Ramón Llull y la posilibidad, a partir de las ideas de los círculos concéntricos, de diseñar y construir un instrumento que permitiera incorporarlas y atrapar así el instante de incertidumbre que supone el ir a consultar un oráculo. Como señala Borges, la máquina de pensar imaginada por el catalán, funciona abrumadoramente. Y explica: “Imaginemos un problema cualquiera: dilucidar el ‘verdadero’ color de los tigres. Doy a cada una de las letras lulianas el valor de un color, hago rodar los discos y descifro que el inconstante tigre es azul, amarillo, negro, blanco, verde, morado, anaranjado y gris o amarillamente azul, moradamente azul, azulmente azul, etcétera… Ante esa ambigüedad torrencial, los partidarios de la Ars magna no se arredraban: aconsejaban el empleo simoltáneo de muchas máquinas combinatorias, que (según ellos) se irían orientando y rectificando, a fuerza de ‘multiplicaciones’ y ‘evacuaciones’. Durante mucho tiempo, muchos creyeron que en la paciente manipulación de esos discos estaba la segura revelación de todos los arcanos del mundo”.2 Luego, queda claro que lo más importante es el mecanismo o sistema, puesto que los valores sobre los que opera pueden variar infinitamente sin que varíe jamás el procedimiento.
4. El I Ching, con sus exagramas y sus comentarios, permitía la incorporación de una simbología específica y un modo de vincular el instante preciso de la consulta con el destino de aquél que iba al oráculo3. (Los símbolos los encontré en la siempre atractiva cultura celta, cuyas raíces han calado tan hondo en la región en que yo vivo.) Para los comentarios, traté de percibir y respetar el sentimiento, la emoción, los sentidos y la iconografía en los que suele manifestarse la idiosincrasia argentina.


Notas explicativas para el Broli del Tango y la obtención del oráculo a través de la Rosa del Tango

A continuación intentaré explicar brevemente en qué consisten la Rosa del Tango, el Broli del Tango y los Seis Símbolos.

El Broli del Tango.

Es una especie de Biblia argentina, y está constituido por: a) treinta y seis tangos elegidos por mí discrecionalmente; b) los comentarios respecto de la sabiduría contenida en ellos y su relación con los símbolos que representan un conjunto de ideas, conceptos y definiciones, y que actúan en la ocasión y según la ocasión.

Como el I Ching, puede ser leído de dos maneras:

a)como libro sapiencial, para comprender las enseñanzas encerradas en sus líneas;
b)como libro adivinatorio, también llamada consulta oracular, lo que puede considerarse el momento más libre del ser humano, pues es el instante previo a que su destino quede sellado para siempre. Este es un concepto particularmente importante, pues es lo que valida todo el sistema: el destino del consultante se conforma con la disposición que deja señalada el oráculo. Entre todas las posibilidades que había, todas resultaron contingentes, salvo una que se actualizó4. Esta es la que permite vislumbrar el destino y ayuda al consultante a tomar la decisión o elegir un curso de acción. Wilhelm, en relación al I Ching, lo explica de este modo: “Aquí se esboza la psicología del oráculo. El consultante del oráculo formula su asunto con palabras precisas y recibe luego como un eco carente de toda consideración, ya se trate de cosas cercanas o lejanas, secretas y hondas, el oráculo adecuado que se lo pone en condiciones de conocer el futuro. La idea subyacente es que en este proceso entran en mutua relación lo consciente y lo supraconsicente. Lo consciente llega hasta la formulación. Con la partición de los palillos (con el giro de los discos y la aguja, en el caso de la Rosa del Tango) entra a funcionar lo inconsciente, y de esta partición proviene luego, al cotejarse el resultado con el texto del Libro, el oráculo”5. Y más adelante: “… las condiciones del Libro de las Mutaciones pueden compararse muy atinadamente con la red de una instalación eléctrica que penetra y atraviesa toda la trama de las circunstancias. Esta red tan sólo posee la posibilidad6 de alumbrar, pero en sí misma no alumbra. Así pues, cuando el consultante establece el contacto con una situación determinada, la corriente recibe un estímulo y la situación correspondiente se ilumina…”7

Si lo que corrientemente llamamos un hecho o suceso es ciertamente una abstracción, también lo es aquello a lo que llamamos momento o instante. Así, la existencia es una continudad que tiene un principio y un fin y que se desarrolla de manera sucesiva, de modo que cada momento supone un instante anterior y predice uno posterior. Cada una de estas abstracciones a las que llamamos momento es, en consecuencia, única e irrepetible. Si de alguna manera podemos marcar un hito en uno cualquiera de ellos, éste será parte integrante de la existencia (o el destino, que es otra continuidad) de quien lo ha marcado, de la misma manera en que lo es la información genética que trae cada una de sus células.

En este orden de ideas, la acción del consultante del oráculo es determinante para su destino, pero también lo es una natural predisposición para recibir el mensaje que el oráculo devuelve. “… Al final se señala que es menester cierta capacidad interior para comprender el Libro, pues de otro modo permanecerá cerrado y como protegido por siete sellos. Cuando el consultante del oráculo no se halla en contacto con el sentido (el Tao), no recibe una respuesta que tenga sentido, que sea significativa, puesto que sería en vano que la obtuviera”.8

Esta es quizá la parte más esotérica de todo el asunto, la necesaria conexión del consultante con el sentido, si por tal entendemos una relación inefable con ciertas ocultas fuerzas que rigen el devenir del universo. Pero también sentido puede referirse al modo en que vamos a validar o interpretar lo que recibamos a cambio de nuestra consulta. Creo que para entender cabalmente esto último habría que olvidarse por un momento de las categorías de sujeto y objeto, que tienden a congelar el devenir.

Los comentarios no tienen un contenido moral ni tampoco una orientación en tal sentido. Antes bien se trata del relato descarnado de lo que uno es en sí mismo, más allá de que nos guste o no.


La Rosa del Tango

Es el instrumento con el que se obtiene el oráculo. La Rosa del Tango es al Broli del Tango, lo que las monedas o los tallos de milenrama son al I Ching. De manera que la disposión de los discos y la aguja que resulta de la consulta integra la existencia del consultante, como el color de sus ojos o de su pelo.

Se trata de tres discos concéntricos, dispuestos de mayor a menor, con una aguja (también concéntrica) en forma de T.


Primer Disco o Rueda de los Tangos.

El primero y el mayor de los discos, es fijo y está dividido en 36 escaques, con el nombre de los 36 tangos elegidos.


Segundo Disco o Rueda de los Elementos


Gira y está dividida en cuatro partes iguales que corresponden a los símbolos de la tierra, el agua, el aire y el fuego.


Tercer Disco o Rueda de los Astros

Es también móvil y se parte en mitades que corresponden a los símbolos de la luna y el sol.


La aguja o T central

También concéntrica y móvil, que sirve para señalar el Tango y los símbolos que están jugando en la consulta.


Los símbolos

Si previamente se relacionaron los símbolos con cada uno de los elementos o con los astros, fue sólo por una mera comodidad explicativa. La verdad es que los símbolos, a la manera de la escritura ideográfica, encierran una multiplicidad de sentidos e ideas directrices de la interpretación del comentario.


Son seis, a saber:

Corresponde a las ideas de sol, luz, día, luminosidad, brillo, claridad, blancura, transparencia, etcétera.

Corresponde a las ideas de luna, noche, oscuridad, negrura, ceguera, penumbra, etcétera.


Corresponde a las ideas de fuego, calor, fiebre, ardor, pasión, amor, sinrazón, etcétera.


Corresponde a las ideas de aire, ligereza, liviandad, transparencia, frescura, viento, cielo, nube, etcétera.


Corresponde a las ideas de agua, líquido, bebida, sed, lluvia, mar, rocío, humedad, etcétera.


Corresponde a las ideas de tierra, polvo, suelo, montaña, vegetación, hogar, lugar, refugio, etcétera.


El símbolo regente, en cada consulta del oráculo, es siempre el símbolo de la rueda de los astros, y es el que determina la orientación con la que ha de interpretarse el tango. En la consulta oracular sólo se lee el tango que quedó indicado por la T central, y los comentarios correspondientes al astro y elemento marcados por ella.

Planos de la Rosa del tango


Rueda de los tangos



Rueda de los elementos


Rueda de los astros

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T central


El programa

Finalmente pude construir un prototipo de madera y plástico para escribir la novela; de manera que podía consultar el oráculo para conocer el destino del protagonista del relato. Pero dado que mi idea era que cada una de las personas que leyera el libro tuviera la posibilidad de usar el juego, pronto me di cuenta de que era inconveniente, dificultoso y caro fabricar una Rosa del Tango de madera o plástico para cada libro. Se me ocurrió que el modelo material se podía reemplazar por uno virtual, por lo que desarrollé un programa para consultar el oráculo argentino.

Los invito entonces a jugar con la Rosa del Tango, a jugar, como quería Nietzsche, con la seriedad con que juega un niño. Los invito a creer en el juego.



Más información en www.larosadeltango.com.ar

miércoles 7 de noviembre de 2007

El exiliado

Creo saber los motivos que llevan a Buckingham a hablar mientras duerme. Comprendo sus risas nocturnas y las palabras que dice en sueños, mientras, sin darse cuenta, me patea y me deja sin cobija en estas noches de invierno.

Hace una semana, me senté junto al hogar para degustar tranquilamente el tè de bergamota, mientras ella a mi lado hacía ruido al tomar su jugo de zanahoria en mamadera. Para romper el placentero silencio, recibí el llamado telefónico de mi señor editor quien guardaba una orden comercial entre sus dientes: para que mi próxima novela se convirtiera en un best seller, el atractivo y viril protagonista debería declararse gay públicamente y presentar ante los medios a su nuevo amigo. ¿Por qué tenía yo que escuchar estas cosas? A mi lado, Buckingham se deshacía de mi té de bergamota, y me preparaba un tilo.

Le expliqué al comerciante que yo no era escritora de best sellers y que no estaba en mí la crueldad de hacer algo así con uno de mis personajes preferidos. Con nulas expectativas de que él lo comprendiera, argumenté que hacer a mi personaje homosexual implicaba perder a una figura cuyo encanto precisamente estaba en sus ridículas aventuras con las mujeres. Luego de amenazarme diciéndome que podría buscarme otra editorial si mi personaje conservaba su hombría, el señor cortó. Pese a que Buckingham me insistió para que no cediera ante la abyecta situación, decidí intentarlo. La encerré en el armario para que ya no me gritara que había perdido la razón y me acosté en el sillón del living.

Cerré los ojos. Intenté imaginarme a mi pobre personaje en un club nocturno con jeans ajustados y una camisa blanca de red con los pectorales descubiertos, mientras bailaba agarrándose el asunto. Me imaginé a mí misma en el club nocturno con mi remera turquesa y mis medias de liga, observándolo. Lo contemplaba fascinada, ya pensando en cortar por la mitad el armario de mi habitación para fabricar una tarima y conseguirme uno de esos para que me baile todo el día. Lo vi deteniendo su coreografía para tomar unos tragos. Me acerqué a él y me miró fijo. “¿Qué sucede?,” me preguntó. “Es bastante cómico,” admití, esperando que él sonriera. Sin embargo, no lo hizo y siguió hablándome. “¿En serio vas a permitir que me hagan esto?,” me miró tan fuerte que me dolieron sus ojos. “Puede ser un cambio favorable”, argumenté, “yo no tengo muchas opciones y creo que si me las ingenio, puedo hasta lograr más entretenimiento en la historia.”

“Comprendo,” me dijo. Frente a mí, se desabrochó la camisa de red, y la tiró para que yo la agarrara. Se puso una remera negra y fue detrás de la barra del club nocturno en busca de una mochila oscura.

“¿Qué se supone que es esto?,” pregunté.“Me voy,” susurró, acomodando su mochila sobre su espalda. “Soy tu sueño, no tu esclavo, y cualquiera que crea en mí va a mantenerme vivo. Gracias por todo, fue divertido estar acá, pero creo que llegó el momento de irme en busca de otra mente que me quiera deparar un mejor futuro, soñándome como soy. Como vos me creaste. Esa personalidad a la que no voy a renunciar, mientras exista un alma capaz de imaginarme.” Y así abandonó mi personaje el paraíso que yo había creado para él.

En ese momento, una lluvia indiferente se deslizó por mi ingenuo mundito, dejándome sola, con la figura de mi personaje consumiéndose a lo lejos, mientras yo lo miraba.

Tarde esa madrugada, me acordé que Buckingham había quedado olvidada en el armario. Cuando fui a buscarla, me di cuenta que estaba dormida, entonces cargué su cuerpito de peluche entre mis brazos y la llevé a mi cama para que durmiera a mi lado. Le acomodé las orejitas y le dejé el jugo de zanahoria en la mesa de luz, por si despertaba con sed. Durante lo que quedaba de la noche, habló en sueños de un personaje muy viril que escapaba de la mente creadora por una disputa literaria.

A la mañana siguiente, descubrí que mi personaje finalmente había encontrado un mundo de ensueño fascinante en la mente de peluche de mi coneja.¿Cómo es posible?, me pregunté en un principio, y luego recapacité y sonreí con felicidad. Me enorgullece, de alguna forma, que haya sido ella a quien eligió mi personaje para asentar en el mundo de ella sus extravagancias de fantasía. Tengo unos segundos de melancolía, pensando en lo que hice… pero logra tranquilizarme el recordar que sí, es cierto que Buckingham logró dar a mi personaje lo que necesitaba, pero sigo siendo yo quien la imagina, mirándome a través de sus ojos de plástico.

viernes 2 de noviembre de 2007

Cucaracha

Cómo detesto a las cucarachas. Son tan asquerosas. Pero las entiendo; no conocen otro género de vida.

Lo realmente imperdonable es que un hombre -o una mujer- se comporte como tal. Revolcándose en sus estrecha visión del mundo y regodéandose de su chata animalidad, incapaz de dirigir la mirada al cielo. Ruidosa con su paso que no va a ningún lado en especial porque no viene de ningún lado tampoco. Arraigada solo a la carroña de la que se alimenta, ensuciando todo a su paso, manchando lo bello y ridiculizando lo sublime.

Mentirosa, astuta, ruín. Así es la Cucaracha. Reptando asquerosamente, sin preocuparse más que por sus propios intereses. Dice una cosa y hace otra, escudándose en su género, en que la gente así actúa.

Sos un asco.

miércoles 31 de octubre de 2007

Cara o cruz

Durante una batalla decisiva en una larga guerra, el general notaba a sus soldados desmoralizados ya que el enemigo los superaba en número. Así, hizo llamar a un sacerdote y le dijo "Arrojaré esta moneda y si sale cara ganaremos la batalla. Pero si sale cruz habremos de perder."

El general arrojó la moneda y salió cara. Los soldados, eufóricos, arremetieron contra el enemigo que huía apabullado.

El sacedote se reunión con el general en privado y le dijo "Nadie puede cambiar el destino", a lo que el general respondió repitiendo la frase como quien asiente, a la vez que guardaba la moneda de dos caras en su bolsillo.

jueves 11 de octubre de 2007

Los cuatro monjes

Cuatro monjes deciden meditar silenciosamente durante un día entero, pero al llegar medianoche la vela que habían encendido se apaga súbitamente. El primer monje exclama "¡La vela se apagó!". El segundo monje dice "Se supone que no debemos hablar!". El tercero grita "¿Por qué rompen el silencio?, y el cuarto se rie y dice "Ja! Soy el único que permanece en silencio!".

Distracción. Legalismo. Ira. Vanidad.

lunes 8 de octubre de 2007

Impresión

La imagen parece moverse ante mis ojos. Los hombres abandonan el barco. Cargan su equipaje: las pocas cosas que pudieron conservar sus baúles de madera.

Noto, desde la gran distancia que me aleja, un señor en su uniforme, apoyado sobre una baranda del barco. Él mira atentamente a los viajantes que llegan. Sin duda está pensando en ellos: hombres de todas las edades que viajaron a un país lejano, en un continente desconocido.

El señor del uniforme, al observar a los visitantes, no imagina -como sí lo hizo mi padre- que el caballero de traje oscuro y sombrero se parece a su abuelo, ni que el joven detrás de él, con gorra y sin corbata es su padre; seguramente porque este señor de uniforme no posee recuerdos de antepasados que hayan viajado durante meses en barco, buscando un nuevo lugar para vivir y crecer. Él no piensa en familiares, ahora en blanco y negro, que puedan evocar recuerdos o cierta melancolía; porque él permanece eternamente observándolos, en la foto antigua que tengo conmigo en estos momentos.

lunes 1 de octubre de 2007

An Unfortunate Dualist

Once upon a time there was a dualist. He believed that mind and matter are separate substances. Just how they interacted he did not pretend to know-this was one of the "mysteries" of life. But he was sure they were quite separate substances.

This dualist, unfortunately, led an unbearably painful life-not because of his philosophical beliefs, but for quite different reasons. And he had excellent empirical evidence that no respite was in sight for the rest of his life. He longed for nothing more than to die. But he was deterred from suicide by such reasons as: (1) he did not want to hurt other people by his death; (2) he was afraid suicide might be morally wrong; (3) he was afraid there might be an afterlife, and he did not want to risk the possibility of eternal punishment. So our poor dualist was quite desperate.

Then came the discovery of the miracle drug! Its effect on the taker was to annihilate the soul or mind entirely but to leave the body functioning exactly as before. Absolutely no observable change came over the taker; the body continued to act just as if it still had a soul. Not the closest friend or observer could possibly know that the taker had taken the drug, unless the taker informed him.

Do you believe that such a drug is impossible in principle? Assuming you believe it possible, would you take it? Would you regard it as immoral? Is it tantamount to suicide? Is there anything in Scriptures forbidding the use of such a drug? Surely, the body of the taker can still fulfill all its responsibilities on earth. Another question: Suppose your spouse took such a drug, and you knew it. You would know that she (or he) no longer had a soul but acted just as if she did have one. Would you love your mate any less?

To return to the story, our dualist was, of course, delighted! Now he could annihilate himself (his soul, that is) in a way not subject to any of the foregoing objections. And so, for the first time in years, he went to bed with a light heart, saying: "Tomorrow morning I will go down to the drugstore and get the drug. My days of suffering are over at last!" With these thoughts, he fell peacefully asleep.

Now at this point a curious thing happened. A friend of the dualist who knew about this drug, and who knew of the sufferings of the dualist, decided to put him out of his misery. So in the middle of the night, while the dualist was fast asleep, the friend quietly stole into the house and injected the drug into his veins. The next morning the body of the dualist awoke-without any soul indeed-and the first thing it did was to go to the drugstore to get the drug. He took it home and, before taking it, said, "Now I shall be released." So he took it and then waited the time interval in which it was supposed to work. At the end of the interval he angrily exclaimed: "Damn it, this stuff hasn't helped at all! I still obviously have a soul and am suffering as much as ever!"


Raymond M. Smuyllan

viernes 28 de septiembre de 2007

Cupidos y ángeles

Se despertó cerca del mediodía, tras haber tenido su habitual pesadilla. Mientras se vestía y pensaba qué haría ese día, recordaba tenuemente el sueño que tan frecuentemente la visitaba esos días. Al tomar su pantalón blanco interrumpió la muda de ropa justo mientras imaginaba las filas de camas y los rostros de hombres desconocidos que se disponían a acostarse. Sintió cierta angustia junto con un gran alivio, pues con él podría compartir una cama y estar a salvo de los demás hombres; la idea la entusiasmaba más y más, y la situación inicialmente desastrosa se volvía ahora reconfortante. Hasta que la potencial situación se actualizo en la nada.

Una chica, una cara meramente conocida, le rogaba que durmiera con ella. Por compasión quizá accedió; mas no puedo evitar cierta vergüenza interior, como quien se arrepiente de una maldad cometida sin haber sido descubierto. Hubo terminado de ponerse su pullover azul, rojo, violeta y blanco, cuando sintió aversión por el sentimiento que se apoderaba de ella en el sueño y sacudió esos pensamientos fuera de su cabeza, bien lejos.

Poco tiempo después – unos minutos después de la una – sintió hambre y abrió la heladera, buscando con qué prepararse una ensalada. Picó unas cuantas zanahorias, y corto en rodajas un tomate, y mientras picaba una cebolla, recordó que todavía no había escuchado la canción que su amigo – él – le había grabado. Pero enseguida se olvidó de tal asunto cuando decidió que no comería hoy lechuga, puesto que ésta se había vuelto parte de una insípida y poco nutritiva rutina.

Cuando terminó de prepara su almuerzo y se proponía a comer, sonó el teléfono. Levantó el tubo, dio los buenos días (aún no había comido) y pregunto quién hablaba, pero nadie contestó. Este irrelevante incidente le molestó bastante más de lo que uno pudiera imaginar.

Unos diez o quince minutos más tarde, comía su ensalada con la mayor feminidad posible, meditando sobre la pesadilla que tan a menudo tenía; encontraba repugnante su manera de actuar en el sueño, le cerraba el estómago ese falso pudor… ese falso miedo… Pero continuaba comiendo como la señorita que era.

Se consideraba a sí misma como una “santa” (en parte en chiste, en parte en serio) especialmente en relación a los hombres. Había tenido un par de noviecitos y tenía un par de novios con los que ocasionalmente estaba; de cada uno de los primeros se había aburrido pronto, y de los últimos… de ellos también se aburría pronto, y no los volvía a ver hasta pasadas un par de semanas o un mes a veces. Sin embargo, con ninguno de ellos había llegado a mayores, a diferencia de la mayoría de las chicas de su edad.

Sonó nuevamente el teléfono y nuevamente nadie respondió cuando ella levanto el tubo, y pregunto – no tan amablemente esta vez – quién habla. En lo más profundo de su alma se pregunto si no era él quien llamaba, pero inmediatamente negó a sí misma el haberse hecho tal pregunta. Introdujo el CD en el equipo musical, presiono la tecla play, y unos segundos más tarde escucho “Why / do cupids and/ angels conti-/ nually hunt / her dreams / like me / mories / of / another life …”.

Predispuesta a rechazar todo aquello que de él proviniese decidió que no le gustaba esa música. Apago el equipo, prendió el televisor, y se recostó en su cama. Unos minutos más tarde, quizá a causa del proceso digestivo o quizá acerca de la cuasi anemia producto de su vegetarianismo, comenzó a sentir sueño. A su vez sentía remordimientos por no haber escuchado la música sin prejuicios; volvió a poner la música, pero aún no había terminado el tema inicial cuando se quedó dormiba. Cupidos y ángeles acecharon su sueño, como memorias de otra vida: de su propia vida diurna, cotidiana, ineludible.

lunes 10 de septiembre de 2007

El loco y la torre

Acabo de tener un sueño de lo más extraño ("bizarro", podría decir, como la mayoría de los chicos de mi edad, ignorando su verdadero significado y usándolo como sinónimo de "raro"). Soñé que estaba en un auto conducido por un hombre extraño que era una especie de "guardián".

Estaba prisionero, sentenciado a muerte por una suerte de loco que dominaba la ciudad y este "guardián" tenía que vigilarme 24 hs al día y ver que no intentara escaparme. Pero por algún motivo, detenía el auto en el que estábamos viajando, ponía el "Aleluya" de Haendel en el CD player del auto y se bajaba, dirigiéndome una mirada cómplice.

Todo esto implicaba, obviamente, que me estaba dejando en libertad.Yo me preguntaba qué hacer. Podía ir directo a casa en el auto, pero el loco ya estaba hablándole a la ciudad desde una torre para advertirlos que yo andaba suelto y que debían controlar todas las rutas y detenerme de inmediato para ejecutarme.

Entonces, consideraba que el loco había llegado intolerablemente lejos y me dirigía a la gran torre desde la cual él le estaba hablando a la ciudad, para explicarle un detalle que parecía haber olvidado. Súbitamente me encontraba cara a cara con él -en mi mejor traje- y le decía a ese ser abominable que era YO el que estaba soñando aquello y que no estaba en posición de actuar como un chico desaforado que ha jugado demasiado al pacman. Lo maravilloso era que él loco me miraba horrorizado y afirmaba que yo estaba equivocado, que ese era SU sueño y no el mío y que él podía hacer lo que quisiera en él.

Para mostrarle que estaba equivocado, simplemente me asomaba por una de las ventanas de la torre y casi sin levantar la voz me dirigía a la ciudad y venía como en la vereda se iba amontonando la gente y levantando sus cabecitas para mirarme. Todo se detenía ante mis órdenes, porque aquel era mi sueño.

El loco abandonaba la escena, avergonzado. Yo todavía me preguntaba qué habría pasado si en realidad se hubiera tratado de su sueño. Y no del mío.

viernes 7 de septiembre de 2007

La dictadura de Gorico-San

Me encuentro en el edificio de Alem de la Universidad Nacional del Sur, en un futuro cercano, y el Gorico-San, es el dueño de la universidad. La ha transformado en un casino / gimnasio de artes marciales y se hace llamar el Samurai Goycochea. Se trata del único gimnasio que queda en Bahía y por consiguiente es el único en el que puedo entrenar Karate -y los ejercicios con pesas que requiere-; soy 6º Kiu, cinturon celeste punta negro.

Gorico-San tiene un gran odio hacia mí porque jamás asistí a las clases que él dictaba cuando él era profesor -léase ayudante- mío en la universidad y es por eso que se ensaña conmigo. Además, él sabe que mis habilidades filosóficas y marciales pueden llegar a derrotarlo un día, cuestión que yo ignoro completamente. Es por esto que contínuamente se ensaña conmigo y trata de manchar mi honor.

Eventualmente cruza los límites cuando publica unas etimologías jaideguereanas con mi nombre en una revista de filosofía online, muy colorida y que como fuente usa "Comic Sans", y además me roba mi karategi o traje de karate y le esconde en su auto, un Vivace'96.

Tal último acto me lleva a darme cuenta de mi destino y de la necesidad que derroque a Gorico-San, puesto que el hecho de que me prive de mi karategi significa que quiere eliminarme como guerrero, sin una confrontación directa. Parto para recuperar mi honor, mi karategi y derrocar al malvado samurai.
Unos de los encargados del casino me dice que el Vivace está en el estacionamiento de Córdoba y 12 de Octubre, es decir, en la otra punta de la manzana. Por supuesto que sé que se trata de una trampa, pero mi destino me aguarda.

La otrora transitada calle 12 de Octubre es ahora no mucho más que un desierto árido y postapocalíptico, lleno de alimañas y vallado de tal manera que resulta laberíntico. Tras una larga búsqueda acabo atrapado con mi pupila y una amiga de ella en un lugar del cual solo se puede salir lianas mediante. Extrañamente, las lianas son peludas y tienen ojos que me miran todo el tiempo. Tras intentar en vano escapar un par de veces, me doy cuenta de que no se trata de árboles, sino que en realidad son arañas gigantes muertas.

Me sacudo el asco, el horror y el miedo, y me resigno. Inmediatamente, aparecen un par de policías -que al parecer no trabajan para Gorico-San- e intentan salvarnos. Sin embargo, un par de leones situados en una parcela adyacente los devoran y luego se devoran entre ellos.

Mi confusión es enorme, pero se vuelve mayor cuando escucho que alguien exclama "funcióno!" y ante mi vista aparece la cuadrilla de rescate del árera de Lógica y Filosofía de la Ciencia y nos rescatan.

Recuerdo que entre sus miembros estaban:
1- Pollock: líder de la cuadrilla, con una serenidad absoluta que hace juego con sus ojos azules del color del mar.
2- Jürgen Mutz: vestido de verde, inhumanamente ágil, y con habilidades marciales de una mantis religiosa.
3- Lucho S.: totalmente anabolizado, midiendo alrededor de dos metros, y exhibiendo un estilo de karate durísimo, de golpe estilo shuto o con el filo de la mano.
4- La cucaracha: con su habitual habilidad de irritar a la gente, sus poderes consiste en poder correr caóticamente a mucha velocidad.
5- Maru Botana: una chica que se parece a Maru Botana, pero mucho más alta, demasiado delgada y con una expresión totalmente inexpresiva, permanece de pie, mirando al horizonte.

Pollock hace un comentario sarcástico sobre Gorico-San, todos reimos, distendidos, y mi sueño termina como termina un capítulo de un anime.

viernes 31 de agosto de 2007

Disfasia

Disfasia se despierta a las 10:28 am y se dirige a su PC, la cual deja encendida de noche porque baja más y más discos de los únicos grupos que escucha. Ejecuta su navegador, se loguea en su blog y procede a escribir una nueva entrada titulada "Trascendencia".

"Ya está en mi escencia ser hipersensible pero en estos últimos días estoy como revolucionada porque deje atrás muchas cosas y estoy en proceso. Tengo que encontrar una trascendencia y aferrarme a ella. Tengo que encontrar el espíritu, algo más elevado."


A continuación cita una de los cinco pasajes que recuerda de uno de los tres libros que leyó en su vida. No es que estos días Disfasia esté perdida, sino que constantemente sabe que hay algo en su vida que está mal, ella misma. Tampoco es realmente sensible; necesita fingir que todo esto le molesta porque su vida es chata y aburrida, e internamente este hecho la desespera. La desespera pero no la angustia. Es impotente para sentir una herida tan profunda, porque como ya hemos dicho, es chata. Tampoco le importa mucho serlo, aunque ella y sus amigos chatos no se den cuenta.

Su vida consiste en la trágica repetición de una o dos pautas de moderada complejidad. Con el tiempo, su inteligencia -que no es tan moderada como uno pensaría, aunque tampoco refulge como una joya, como ella piensa- se adelanta a los giros de su trama, los adivina. Es una trama que ella misma teje, pero no puede más que abandonarse con su impotencia -que en el fondo no es más que pereza espiritual- y adjudicarle la obra al Destino, al Espíritu o a la Vida. Pero jamás a Dios... ella es atea. Ese es otro de los sesgos que prendieron en su tierna infancia y que su pesadez no le permite arrancar de cuajo.

Jamás se le cruzara la idea de suicidarse. Pero hagamos un experimento y entendamos cómo sería eso. Su delirio de grandeza la llevaría a la terraza del edificio más alto que encontrara. Se pararía en la corniza, daría unos pasos, miraría al vacío aprontándose para el salto y lo entendería. Entendería que puede dejar de lado su histrionismo, aceptar su "escencia", y vivir como un títere del destino.

Al bajar de la corniza se tropieza, se golpea el cráneo contra ella y muere desnucada.

Muere realizada.

Reflexión final: jamás podría haber muerto al caer de un edificio. Su pesadez le prohibe tal dinamismo. Esa aceleración por la fuerza de gravedad (g = 9.81 m/s^2) era demasiado sublime para ella. En cambio, un pequeño golpe en un lugar estratégico, producto de la misma aceleración pero habiendo obrado durante menos tiempo, ése si era el destino que ella merecía.

Disfasia muere realizada.

jueves 7 de junio de 2007

Automatic Laser Machine Alpha (ALMA)

Intento escaparme de vos; de las cosas que decís y hacés, de la ropa que usás (de cómo la usas), de la música que escuchás y de los elixires que bebés.
Ya sé que sos la única que siempre está ahí cuando lo necesito; pero prefiero retirarme, bailando, a quedarme y arrancarte el pellejo, los cabellos, la cabeza, los ojos, la lengua, y devorarte... cruda, en la salsa de tu lujuria.
Sos una mina de oro; entendelo como quieras... pues la sangre que corre por mis venas, mi alma sanguínea, sabe al ritmo de tu danza y al nuestro pacto sagrado: "vivimos juntos, morimos uno".