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martes 24 de junio de 2008

Espejos, oniria, patinaje

Espejos

Por más solipsista que uno se pueda sentir de vez en cuando, cada dos por tres o cuando llueva, siempre necesitamos al famoso otro para vernos a nosotros mismos, para hacernos o deshacernos, para bien o para mal.

Necesitamos espejos...

Para bien; para hacernos mejores personas, para ser un poco mejores día a día, para aceptar nuestros defectos, para corregirlos o aprender a controlarlos... en fin... para alcanzar y vivir en la felicidad.

Para mal; para deshacernos en todo lo que aborrecemos de nosotros, para eliminar la decadencia, para descubrir nuestras imperfecciones y disolver nuestro ego... en fin... para saber que la felicidadno sólo se alcanza, sino que se debe permanecer en ella.


Oniria

Bueno, te cuento que soñé con vos, espejito que me muestra como quiero ser, al lado del espejo que me muestra como aborrecería ser. Te soñe a vos junto a ella y amigas. Y se me derrumbo el mundo. Quizá porque mi espejo se partió en mil pedazos y eso trae los infames 7 meses de mala suerte de los que recién acabo de escapar.


Patinaje

Yo siempre patino en mis sueños. O hay alguien que patina. Bah, no siempre, pero es algo habitual y sé que simboliza el poder, la belleza, la autosuficiencia, en fin, la libertad. Patinar es viajar sin moverse, sin mover las piernas. Es más bien deslizarse hasta la meta.

Y yo salí patinando o deslizándome a buscarte, a toda velocidad.

No salí a partir el otro espejo. No. En esa parte del sueño ya ni existía.


Y es que a mí me importás vos, y no todo lo otro, lo otro es exactamente lo otro, lo que no es mío. Y vos sí sos mía, porque en tu espejo veo mi reflejo... el reflejo de lo que soy y de lo que quiero ser.

viernes 6 de junio de 2008

Viernes de Recoleta

Como todos los viernes, ¡qué mejor que enredar a una "campesina" mediante un tour por Recoleta! Un poco de alcohol, un poco de otras cosas, un poco de pasto en una plaza, un poco de caminar, un roce de manos, un nagashi-uke y caen rendidas.
Las plazas de Recoleta deben ser artífices de esa facilidad.
Pero luego siempre vienen las consecuencias. Recoleta, Barrio Norte, o como lo llamés es un lugar incómodo... una suerte de paseo hasta el reviente. Y el reviente, amiga, no se hace esperar.
Porque después de todo, Recoleta es mentira. La gente no es así. La gente no necesita del lujo ni lo disfruta siquiera. Es todo una gran mentira para acorralar a los fuertes. A los que viven en el seno de la naturaleza. Ésos sí que son peligrosos.
Para ellos, se crean lugares como Recoleta, donde uno puede gastar mucho dinero en algo que no vale nada afuera de tal barrio-ciudad. Porque claro, tangencialmente al mercado, al divorcio producción-consumo, se sitúa la producción para consumo propio.
El prosumidor, como le dicen algunos. Ése es el tipo peligroso. Un tipo peligroso, que posee una especie que lo imita, el presumidor.
Y el presumidor se sitúa a sus anchas en Recoleta. En cualquier Recoleta, en todas las Recoletas.

jueves 5 de junio de 2008

Mate místico

Conocí al Uruguayo en el 2004 creo, pero recién nos empezamos a tratar fluídamente en agosto del 2005 ponéle. Igualmente, el suceso que motiva este escrito sucedió hace unas pocas horas. Voy a tratar de escribirlo para fijar un poco esa nebulosa de sucesos que tengo en la cabeza.
El uruguayo está en Bahía y yo estoy en La Plata. Creo que eso es lo esencial del relato. Sin embargo, me acaba de cebar un mate que jamás olvidaré. El problema también es que cuando digo "acaba" siento que es algo que recién sucede, por la vivacidad del recuerdo; pero la verdad es que no tengo mucha consciencia del paso del tiempo.
Me dijo "tomáte un mate Juani", hizo una pausa y agregó "y ahí me decís si te parece bien o mal eso que estás pensando". Acá no importa mucho qué es lo que estoy pensando. Como para que se entienda digamos que estoy en proceso de tomar una decisión que va a cambiar mi vida drásticamente.
Me tomé el mate y le dije "sabés qué Yuruguá, tenés razón". Callado sonrió, se puso de pie y se metió al baño. Lo esperé, en vano lo esperé unos minutos (5 o 30, no sé cuántos) y no volvió.
Ahí me dí cuenta que el Uruguayo estaba en Bahía y yo en La Plata y que no había forma de que me pudiera haber cebado un mate. Pero el mate que tomé era un mate del Uruguayo. De eso no hay duda.
Creo que la moraleja es que los buenos amigos siempre están presentes cuando uno los necesita. Esa presencia no necesita ser física.

jueves 29 de mayo de 2008

Sopor metafísico

Héctor (o Hektor, como le gusta llamarse a él mismo) tiene 23 años, vive en el barrio de Villa Rosas en Bahía Blanca y se gana la vida exportando hierro. No sé de donde lo saca. No viene al caso.

Su vida es aburrida. Bah, en realidad su vida es normal, pero a él la realidad le queda chica. Necesita aventuras, porque nació para la mística.

Sabe que alguien lo va a joder con un negocio. Lo va a joder mal.

Es por eso que vive todo el día a full. Toma unos diez tés de Ginseng por día y siempre que tiene que ir a algún lado se apura como si su vida dependiera de ello. Es que siente que si no lo hace va a llegar "demasiado tarde", como en las películas.

Debe ser por eso que también, siempre que conoce a alguien, le tira una indirecta estilo "ya sé que me va'cagar chabón", porque quiere que cuando la película acabe la gente diga "pero mirá que vivo que era el camionero Hektor".

Hektor vive en lo que se conoce académicamente como sopor metafísico y cotidianamente, como una nube de pedo

martes 20 de mayo de 2008

Épica y oniria

A medida que nos vamos ensismismando más y más, nos abstraemos del mundo real y concreto para navegar dentro del mundo subjetivo, de nuestro propio yo. Mis viajes personales, mi psiconáutica digamos, suelen aparecer adornados por avenidas o caminos como el de la Avenida La Inmortalidad o la abismal calle que separa el distrito residencial sur del distrito industrial norte, y que lidera hacia el este el desarrollo de la mítica pero paradigmática ciudad del mar, y que representa la línea del tiempo del mismo modo como la avenida antes nombrada.

Mi psiconáutica también posee otro tipo de elementos característicos y habituales: el miedo. Atrocidades que me hacen despertar paralizado de miedo, como la Salsa inhumana, una suerte de cruza entre la antropofagia y el asco, el Laberinto del Pavor, un insuperable desafío a los monstruos personales, o finalmente el Enemigo Absoluto, oponente invulnerable por definición.

Así, mi psiconáutica es una suerte de épica del desafío imposible pero a su vez, una invitación a una constante superación personal, a enfrentar los miedos internos, a hacerse dueño de uno mismo, a conquistar los fragmentos de nuestro ser y ser, cada día un poquito -aunque sólo sea un poquito- más fuerte.

martes 22 de abril de 2008

Invasión sin violencia

¡Mas claro! La mía es una invasión sin violencia. I'm a lover not a fighter. Esto lo aclaro porque en el blog del amigo Lucas algunos habrían interpretado que vuestro servidor, Lambda Celícola, planea conquistar el planeta Terra. Nada más alejado de la verdadera verdad.

Mi intención es despertar el espíritu dormido de la humanidad por la obra de la música metafísica. Así que como muestra de paz, les dejo un discazo. Mas claro, es conveniente empezar con un disco digerible por oídos humanos así que les dejo uno facilito.

(click en la imagen para descargar)

Os dejo un par de temas del disco para escuchar antes. Sólo para los incrédulos. La fiel audiencia de UKH va a bajar el disco; ya lo conocen por un par de temas que puso Iota.






La última canción es infaltable en este preview ya que porta el mensaje de amor universal que os traigo. Abajo la letra para los incrédulos.


The Zombies
Hung up on a dream

Well I remember yesterday
Just drifting slowly through a crowded street
With neon darkness shimmering through the haze
A sea of faces rippling in the heat
And from that nameless changing crowd
A sweet vibration seemed to fill the air
I stood astounded staring hard
At men with flowers resting in their hair...

[Instrumental]

A sweet confusion filled my mind
Until I woke up only finding everything was just a dream
A dream unusual of its kind
That gave me peace and blew my mind
And now I'm hung up on a dream...

They spoke with soft persuading words
About a living creed of gentle love
And turned the arm to sounds unheard
And showed me strangest clouded sights above
Which gentle touched my aching mind
And soothed the wanderings of my troubled brain
Sometimes I think I'll never find
Such purity and peace of mind again...

viernes 18 de abril de 2008

Noches mágicas

No sé muy bien qué es lo que pasa cuando uno sale de copas y se pasa de copas, pero muchas veces esas noches tienen algo mágico. De pronto todos somos amigos, todos nos entendemos, la realidad está como muy encima y hay algo que va y viene entre las personas.

En un punto de la noche, cuando empieza a amanecer, todo eso empieza a morir, como si se terminara una Edad de Oro. Nos empecezamos a perder en el nebuloso sopor de la incosciencia y el cansancio y muchas veces ni siquiera sabemos qué más pasó.

Sólo sabemos que la noche sigue siendo símbolo de misterios.

video



Ni hablar de la música de esas noches. No surprises de Radiohead. Música que de día no escucho jamás.

Es otro mundo.

jueves 27 de marzo de 2008

La vida en un instante

De vez en cuando se escucha ese cliché que dice que cuando estamos a punto de morir, nuestra propia vida pasa ante nuestros ojos en un instante. A modo de juego, podríamos pensar que en eso consiste la inmortalidad o la eternidad. Que consiste en la eternidad de un instante.

A un momento de nuestra muerte, podría detenerse el tiempo o más bien, podría suceder que nos sustraemos de él, y revivimos nuestra vida. No se trata simplemente de los típicos "momentos importantes", sino que la revivimos segundo a segundo y a todo detalle.

La oscuridad anestética se va desvaneciendo poco a poco hasta que salimos al mundo. Crecemos y el mundo va cambiando de a poco, nuestro mundo. Conocemos el placer y el dolor, más tarde la alegría y la tristeza; luego el amor, el odio, la envidia, la felicidad, la angustia, el rencor y toda la gama de sentimientos. Vivimos. Hasta que un día, llega el día.

A un momento de nuestra muerte, bien podría suceder que nuevamente nos sustraemos del tiempo y revivimos nuestra vida. Segundo a segundo y a todo detalle. Una y otra vez.

lunes 17 de marzo de 2008

La ciudad y el mar

La fundación de la ciudad se llevó a cabo según los criterios usuales; en el centro una plaza, de un lado la casa de gobierno, del lado opuesto la catedral y en los flancos restantes la oficina de correo, el banco y un mercado. Con el tiempo los precarios asentamientos se volvieron, modestas casas primero, para luego encontrarse casas espaciosas, casa hacinadas, casas lujosas, casas casi destruidas, casas al fin. Es que una ciudad tiene su ritmo de vida y aquí no es la excepción.

El distrito comercial del norte se fue haciendo más y más denso hasta que luego comenzo a industrializarse, mientras que hacia el este se expandían los barrios, que hacia el sur se volvían residenciales, con sus parques y sus casonas. Y la ciudad entera se reflejaba hacia el oeste, dibujada o mejor dicho, desdibujada en la espuma del mar.

Los años pasaban y más denso se hacia el distrito industrial como así también más verde el distrito residencial; cuanto más crecía la ciudad hacia el este, más se separaban, más grande era el abismo entre uno y otro. Y más grande era el abismo entre quien vivía en uno y otro sector.
El lujo de los boulevares de frondosos pinos y de las plazas cubiertas por flores y marmol no se correspondía con la aridez del barrio industrial, con sus calles, destruidas y cubiertas de basura, con su aire viciado, ni con las caras ensombrecidas de sus habitantes.

Un día, un día cualquiera, podría nacer alguien, alguien cualquiera que se aventure al oeste, hacia el mar. Que se camine por las playas, por entre la basura y los desperdicios del sector industrial. Quizá el mar no esté tan cerca, quizá mientras camine hacia el oeste el sol se mantenga sobre sus hombros, ilumninándolo, mientras la ciudad se hunde en la oscuridad y en la nada. Quizá encuentre, que hacia el oeste, muy hacia el oeste, no hay un sector industrial y un sector residencial, sino que -muy por el contrario- está todo junto; que trabajo y goce, esfuerzo y satisfacción sean lo mismo, y que la riqueza sea también la pobreza.

Quizá él -o ella- se hunda en el mar y muera, o quizá vuelva, como una ola de mutilación, arrasando con la ciudad suciedad; arrasando con sus divisiones y su status quo, tragándose la basura, los desperdicios del sector industrial, tragándose el sector industrial mismo, desperdicio del sector residencial, y tragándose finalmente al mismísimo barrio residencial, desperdicio sin razón, primera falta.

O quizá sea sólo un sueño la ciudad, toda ciudad, y sólo exista el mar, donde uno es como la ola que vive sin dejar de ser el mar.


lunes 25 de febrero de 2008

Hipnagogia

Existe un momento, entre la vigilia y el sueño, en el que percibimos y sentimos todo como si aún estuviesemos despiertos. Se nos aparece la presencia de alguien, escuchamos voces, no podemos hablar ni movernos. Es el momento de la hipnagogia o transición entre la vigilia y el sueño.

La ilusión que se nos aparece es prácticamente indistiguible de la vida real. He soñado que mi hermano entra a mi pieza a buscar algún libro; quiero decirle que no entre porque quiero dormir y la voz no me sale. Tampoco puedo moverme. Me desespero y quiero gritar pero sólo escucho una voz ronca, casi imperceptible.

Al final puedo levantarme e ir a su habitación a pedirle que ya no entre a mi habitación. Sin embargo, cuando estoy hablando con él me doy cuenta que aún estoy en mi cama, que todo es un sueño.

Y de nuevo se repite el episodio. Me encuentro en mi cama, semidormido y nuevamente entra mi hermano a mi pieza y en vano trato de decirle que no entre; no me puedo mover ni hablar, estoy paralizado y mudo. Hago mucha fuerza, pero no lo logro nada.

Finalmente logro despertarme completamente, me levanto y me dirijo hacia el living. Le cuento le sucedido y me dice que no ha entrado en mi pieza en las últimas horas.

Todo fue una ilusión, un sueño que me mantenía cautivo, apresando mi cuerpo y mi voz.

Esa ilusión se llama hipnagogia.

miércoles 30 de enero de 2008

En el andén de la eternidad

Mi tren se iba. Aquel que había construido de apoco, a través de todos los años de mi vida.

La idea era abordarlo, que finalmente la voz en off dejara de amenazar la partida e irme con él al lugar que también había construido desde siempre, precisamente para mudarme allí y que la gente sintiera que desde donde yo les hablaba no llegaba el dolor.

Ese era, entonces, el gran objetivo de mi vida, en aquel momento en que los instantes se me iban con el tren.

Mi vagón estaba justo frente a mis ojos y había decidido abordarlo. Levanté la pierna derecha para subir el escalón y con el pie en reposo, miré a mis espaldas sin darme vuelta.

Vi a lo lejos la figura de la voz de mi consciencia. Sentí sus ojos graves y hasta sus manos frías; y en ese momento se desvaneció mi tren y mi fantasía nueva.
Corrí hacia ella, hasta alcanzarla.

Mientras su figura se volvía más clara, regresaba a mis recuerdos: veía mi desmayo en una clase de inglés y mis compañeras con cara de miedo, sin atreverse a mirarme a los ojos. A medida que me acercaba a ella, volvía a los mareos nauseabundos y a los adultos que me acostaban en el piso con los pies levantados, diciéndome palabras que apenas llegaban a mis orejas, mojadas con lágrimas que recorrían mi sien cuando todos miraban.

Llegué a ella. Me miró. No sé qué pensó al verme. Tal vez me esperaba. Quise abrazarla, pero me alejó lentamente.

Yo sabía que era un sueño, que no había tren físico capaz de llevarme de vuelta a las palabras que ella tomaba de mi mente. ¿Cómo viviría sin ella?

Está bien, me dijo, y me pidió que me tomara mi tren. Miré atrás, pero ya estaba muy lejos. Recuerdo que al terminar el sueño, yo partía en mi tren.

¿Dónde estaba ella? Conmigo, seguramente, aunque no pudiera verla; de la misma forma en que no veo mis propios pensamientos.

Bajo el cielo, mi tren y yo recorrimos vías eternas hasta que nos cansamos de contar ciudades y entonces paramos en el nuevo lugar. Tenía razón, acá también llega el dolor, pero algunas noches sueño con ella. Lentamente hago las paces con los recuerdos, aferrándome a mi vida y a la de mi amiga.

Debo creerle, cuando en sueños me busca para mirarme con sus ojos graves y convencerme de que está conmigo, y que no ha muerto.

lunes 10 de septiembre de 2007

El loco y la torre

Acabo de tener un sueño de lo más extraño ("bizarro", podría decir, como la mayoría de los chicos de mi edad, ignorando su verdadero significado y usándolo como sinónimo de "raro"). Soñé que estaba en un auto conducido por un hombre extraño que era una especie de "guardián".

Estaba prisionero, sentenciado a muerte por una suerte de loco que dominaba la ciudad y este "guardián" tenía que vigilarme 24 hs al día y ver que no intentara escaparme. Pero por algún motivo, detenía el auto en el que estábamos viajando, ponía el "Aleluya" de Haendel en el CD player del auto y se bajaba, dirigiéndome una mirada cómplice.

Todo esto implicaba, obviamente, que me estaba dejando en libertad.Yo me preguntaba qué hacer. Podía ir directo a casa en el auto, pero el loco ya estaba hablándole a la ciudad desde una torre para advertirlos que yo andaba suelto y que debían controlar todas las rutas y detenerme de inmediato para ejecutarme.

Entonces, consideraba que el loco había llegado intolerablemente lejos y me dirigía a la gran torre desde la cual él le estaba hablando a la ciudad, para explicarle un detalle que parecía haber olvidado. Súbitamente me encontraba cara a cara con él -en mi mejor traje- y le decía a ese ser abominable que era YO el que estaba soñando aquello y que no estaba en posición de actuar como un chico desaforado que ha jugado demasiado al pacman. Lo maravilloso era que él loco me miraba horrorizado y afirmaba que yo estaba equivocado, que ese era SU sueño y no el mío y que él podía hacer lo que quisiera en él.

Para mostrarle que estaba equivocado, simplemente me asomaba por una de las ventanas de la torre y casi sin levantar la voz me dirigía a la ciudad y venía como en la vereda se iba amontonando la gente y levantando sus cabecitas para mirarme. Todo se detenía ante mis órdenes, porque aquel era mi sueño.

El loco abandonaba la escena, avergonzado. Yo todavía me preguntaba qué habría pasado si en realidad se hubiera tratado de su sueño. Y no del mío.

viernes 7 de septiembre de 2007

La dictadura de Gorico-San

Me encuentro en el edificio de Alem de la Universidad Nacional del Sur, en un futuro cercano, y el Gorico-San, es el dueño de la universidad. La ha transformado en un casino / gimnasio de artes marciales y se hace llamar el Samurai Goycochea. Se trata del único gimnasio que queda en Bahía y por consiguiente es el único en el que puedo entrenar Karate -y los ejercicios con pesas que requiere-; soy 6º Kiu, cinturon celeste punta negro.

Gorico-San tiene un gran odio hacia mí porque jamás asistí a las clases que él dictaba cuando él era profesor -léase ayudante- mío en la universidad y es por eso que se ensaña conmigo. Además, él sabe que mis habilidades filosóficas y marciales pueden llegar a derrotarlo un día, cuestión que yo ignoro completamente. Es por esto que contínuamente se ensaña conmigo y trata de manchar mi honor.

Eventualmente cruza los límites cuando publica unas etimologías jaideguereanas con mi nombre en una revista de filosofía online, muy colorida y que como fuente usa "Comic Sans", y además me roba mi karategi o traje de karate y le esconde en su auto, un Vivace'96.

Tal último acto me lleva a darme cuenta de mi destino y de la necesidad que derroque a Gorico-San, puesto que el hecho de que me prive de mi karategi significa que quiere eliminarme como guerrero, sin una confrontación directa. Parto para recuperar mi honor, mi karategi y derrocar al malvado samurai.
Unos de los encargados del casino me dice que el Vivace está en el estacionamiento de Córdoba y 12 de Octubre, es decir, en la otra punta de la manzana. Por supuesto que sé que se trata de una trampa, pero mi destino me aguarda.

La otrora transitada calle 12 de Octubre es ahora no mucho más que un desierto árido y postapocalíptico, lleno de alimañas y vallado de tal manera que resulta laberíntico. Tras una larga búsqueda acabo atrapado con mi pupila y una amiga de ella en un lugar del cual solo se puede salir lianas mediante. Extrañamente, las lianas son peludas y tienen ojos que me miran todo el tiempo. Tras intentar en vano escapar un par de veces, me doy cuenta de que no se trata de árboles, sino que en realidad son arañas gigantes muertas.

Me sacudo el asco, el horror y el miedo, y me resigno. Inmediatamente, aparecen un par de policías -que al parecer no trabajan para Gorico-San- e intentan salvarnos. Sin embargo, un par de leones situados en una parcela adyacente los devoran y luego se devoran entre ellos.

Mi confusión es enorme, pero se vuelve mayor cuando escucho que alguien exclama "funcióno!" y ante mi vista aparece la cuadrilla de rescate del árera de Lógica y Filosofía de la Ciencia y nos rescatan.

Recuerdo que entre sus miembros estaban:
1- Pollock: líder de la cuadrilla, con una serenidad absoluta que hace juego con sus ojos azules del color del mar.
2- Jürgen Mutz: vestido de verde, inhumanamente ágil, y con habilidades marciales de una mantis religiosa.
3- Lucho S.: totalmente anabolizado, midiendo alrededor de dos metros, y exhibiendo un estilo de karate durísimo, de golpe estilo shuto o con el filo de la mano.
4- La cucaracha: con su habitual habilidad de irritar a la gente, sus poderes consiste en poder correr caóticamente a mucha velocidad.
5- Maru Botana: una chica que se parece a Maru Botana, pero mucho más alta, demasiado delgada y con una expresión totalmente inexpresiva, permanece de pie, mirando al horizonte.

Pollock hace un comentario sarcástico sobre Gorico-San, todos reimos, distendidos, y mi sueño termina como termina un capítulo de un anime.

miércoles 6 de junio de 2007

Av. La Inmortalidad

No he recorrido tus caminos, Avenida La Inmortalidad, pero no me son extraños; pues lo llevo en mi sangre. Aquí -donde estoy de pie- he nacido y habré algún día de perecer. A mis espaldas se extiende mi hipotética descendencia, una nada actual, infinita; delante mío, mis ancestros, silencios y categóricos en sus tumbas.
Yo soy la disyunción: o bien permanezco, de pie al inicio y enterrado finalmente, o bien avanzo contra la flecha del tiempo, contra el río secular alimentado por el caudal sanguíneo de mi familia en busqueda de tu tesoro, la inmortalidad. Si no avanzara no habría viaje alguno...
Uno a uno se levantan mis antepasados a recibirme, intentando imperdirme el paso. Está vedado verter gota alguna de sangre, puesto que su sangre potencia mi vida y sin su fuerza nada soy.
Avanzo más y más por la Avenida de familiares ananatos; derroto al agente de seguros, al ferroviario, al marmolero, al prof. de Filosofía y Letras, al inmigrante siciliano, al ladrón de poca monta, al herrero, al ladrón de guante fino... al artillero... al caballero del Papa... al humanista renacentista... al lujurioso y apócrifo Papa... al franco decapitado... al Emperador asesinado... al hoplita... al sofista... al escudero teucro... al mago caldeo... al jardinero del palacio... al barquero... a mí mismo... a mi reflejo... a quien yo no soy... a un hombre... a alguien... al Sol... a todos los hombres... a todos los animales... a todos los seres vivos... al Rhododendrón; y quizá -pues no lo sé- a lo que le antecede.

lunes 4 de junio de 2007

El Laberinto del Pavor

Mi guía era un hombre de unos 55 años, amable, de voz calma, totalmente vestido de blanco y canoso. Su fin es el de conducir al viajero hacia las profundidades del simbolismo del terror, ayudándole en la medida de lo posible a superar sus objetos. No se trata de un viaje que pueda completarse de un intento; ni siquiera puede completarse. Sin embargo, cuanto más se avanza, cuanto más se logra en su recorrido, mayores son las recompensas que se obtienen.
Se comienza -siempre- a medio trepar de una torre construida con huesos humanos, algunos ligeramente ensangrentados; nada muy grotesco. Tal comienzo, junto con la hipotética finalización del viaje son los únicos aspectos que jamás varían viaje tras viaje. El psiconauta desciende y camina por sobre las lustrosas baldosas que adornan el Laberinto del Pavor con motivos variados.
Inicialmente encontrará cada unos cinco o seis metros en derredor algún tipo de construcción, placa u objeto relevante, que romperá con la infinita monotonía del infinito laberinto. Pueden ser gusanos, huesos, arañas, cadáveres de mamíferos y de hombres incluso; algunos intactos, otros desmembrados y algunos prácticamente irreconocibles: el viajero sabrá que son cadáveres humanos por el típico hedor de la carne putrefacta.
Cuanto más se adentra el psiconauta en el laberinto, más grotescos son los encuentros y así mismo se rarifican, por lo que es necesario avanzar cada vez más para encontrar algo -digamos- interesante.
Las construcciones son curiosamente escasas: En su mayoría se trata de monolitos de cuyas grietas surgen repentinamente todo tipo de alimañas; en general éstas ignoran al viajero o lo persiguen unos cuantos metros, como si lo hicieran por obligación. Al adentrarse más y más comienzan a aparecer máculas en los monolitos y demás construcciones, mostrando una tendencia hacia lo profano: son frecuentes las manchas de sangre, con la forma de manos humanas de diferentes tamaños -incluyendo algunas inhumanamente grandes o pequeñas- como quien hubiera apoyando la mano y la hubiera deslizado unos centímetros sobre la superficie al perecer; la sangre es reemplazada luego por heces y más tarde por una mezcla de ambas.
A su vez los predominantes monolitos se hacen paulatinamente más escasos y son reemplazadas por paredes de ladrillos mal acabadas o por cajones apilados, de los cuales frecuentemente se asoman miembros humanos mutilados, con lepra o diversas malformaciones.

Siempre -tarde o temprano, pero siempre- aparece una alimaña terrible: la que ha sido bautizada con el nombre -cándido- de Leskorpio. Se trata en efecto de un escorpión; tiene empero algunas características peculiares: posee alas de muerciélago -las cuales aparentemente no puede utilizar para volar, ni retraer siquiera-, sus patas son similares a las de una tarántula, peludas, como prácticamente todo su cuerpo; las pinzas están reemplazadas por cascabeles que producen un sonido gélido, penetrante, que hiela los huesos de quien los escucha, la cabeza es la de un niño de piel negra y ojos blancos, con la cara repleta de cicatrices profundas y el detalle consistente en la carencia de un trozo de cráneo, un tajo de precisión quirúrgica desde el ojo derecho hasta la oreja diestra.
Cuando el viajero avista a Leskorpio siente un terror inmediato, divino, sacrílego, ancestral; emprende con celeridad la retirada hacia el punto de partida. El recorrido puede durar segundos, minutos, horas o incluso días -dependiendo de cuánto se haya adentrado el psiconauta- y durante ese tiempo el pavor invade a quien se fuga perseguido por la abobinable alimaña.

lunes 14 de mayo de 2007

Tambores y Fuego

La seguda vez que no supe cuándo sucedió con exactitud que el sueño se retiro frente al avance de la vigilia, me encontraba en un sueño violento.

Caminamos con mi familia por sobre barro, dirigiéndonos hacia el auto, iluminados por la mera luz de la luna y preocupados ante el incipiente hurto de las gomas de los autos. Una vez arriba del auto, ya preparados para arrancar, Juan Carlos pega el grito de "hijas de puta, me roban las gomas!" y dos figuras femeninas, de unos 18 a 20 años de edad se escapan corriendo con la rueda delantera izquierda del auto. Mi padre arranca y las persigue; ellas corren más rápido de lo que el auto anda y entonces Juan Carlos saca la .38 que jamás en su vida tuvo y les comienza a disparar a la cabeza.
Después de fallar dos disparos, le recomiendo que me entregue el revolver porque yo tengo mucha mejor puntería; pero cometo el error onírico de situarme justo en el punto inverso al que salen las balas y sucede lo inexplicable.

Rapsodia de imágenes en las que veo fuego en un nogal y a mi mismo meditando en seisán; las ímagenes se suceden unas a otras con progresiva rapidez, sonando una percusión muy grave con cada cambio intermitentemente en uno y otro oído.
No me puedo mover, ni sacudir esas imágenes fuera de mí hasta que me doy cuenta que estoy mirando el reflejo de las luces la ciudad en mi televisor apagado.


La primera vez fue la noche siguiente a la noche en la que me besé por primera vez con María. Quise suponer que quedaban residuos de su pasión en mi cuerpo y que ése fue el origen de la siguiente experiencia.

Puedo ver, yaciendo de costado en mi cama, mi placard; sólo que en este veo un punto negro que se extiende y se extiende... y en los bordes de su extensión se ve fuego. Se abre un agujero a otro lado. No sé adónde.

Se desata la música, hindú. Cuatro sítaras a una velocidad increíble y dos voces, agudas e ininteligibles. Aislo sucesivamente cada uno de los instrumentos y de las voces; siento su ubicuidad... y descubro un séptimo elemento... una voz en castellano, hablando, recitando "caballo... burro ... jirafa... cebra... elefante... no sé... burro de vuelta... ni idea...".

El pánico me posee; tengo miedo que descuban el beso de María. Salto hacia el abismo, hacia lo desconocido... pero no hago más que retornar al punto de partida. El abismo está cerrado y el sueño ha terminado.

domingo 25 de febrero de 2007

Enemigo absoluto

El enemigo absoluto es la peor pesadilla de todo guerrero. Se trata de un guerro imbatible; su cuerpo esta cubierto de gravedad absoluta, por lo que su cuerpo -al ser infinitamente pesado- no puede ser movido siquiera un angström por un golpe.
Se trata de un guerrero extremadamente lento puesto que carece totalmente de potencia, pero su fuerza es grandísima; de un sólo golpe de puño sin giro de cintura puede hacer volar a su oponente unos cinco metros.
El enemigo absoluto es un sombra, oscuridad total, con la excepción de un par de ojos brillantes y aparece en los sueños de los guerreros. Es enviado por Marte con ayuda de Saturno, para que los guerreros desarrollen técnicas de combate que se basen en la agilidad y no en la resistencia y para que dejen de temer a la muerte que los mira a los ojos, puesto que el sólo el enemigo absoluto puede inspirar un terror absoluto.

domingo 18 de febrero de 2007

Princesa del Desierto

Fuimos a la casa de mi otrora tiránica princesa de mi corazón. Mis dos amigas y yo. La corte del principado se sorprendió ante mi presencia, mas una de mis amigas tenía inmunidad diplomática allí. La princesa me ignoro, como la diplomacio exigía, y yo la ignoré, como la diplomacia y nuestros corazones exigían.


Pero en un momento quedamos solos y ella se me acerco, dulcemente -como es su paso-, y me dijo -con los ojos como río presto a saltar en catarata- que ya no quería que nuestra relación fuese un desierto y que deseaba que volviera a ser la pradera que era antes.

La diplomacia me seguía exigiendo, fueron nuestro corazones empero lo que me persuadieron a decirle que el principado del desierto había acabado y que ahora podía considerarse la princesa de la pradera.

"De la pradera de las delicias que ambos compartimos" agrego ella, tornandose sus ojos de profunda tristeza -casi cerúleamente oceánica- a alegría; sus grandes ojos alegres, radiantes cada uno como un cometa, pero ella es un cometa.

jueves 8 de febrero de 2007

Salsa Inhumana

La salsa inhumana es una aderezo maligno. Básicamente se trata de un cuerpo humano desmembrado, envejecido, ligeramente deformado y putrefacto, empequeñecido, que vive en mayonesa, podiendo moverse a voluntad en ella.

Durante mucho tiempo se creyó que la mayonesa tenía una propiedad oculta que le permitía descomponer parcialmente el cuerpo del humano en cuestión y luego frenar el proceso de putrefacción. Sin embargo posteriormente se descubrió que en realidad la mayonesa era común y corriente y que el proceso de putrefacción y sucesiva detención de la putrefacción era posible gracias a la fantasmalidad de ambos componentes.

Hoy en día, la salsa inhumana se utiliza principalmente en peliculas hollywoodenses y en casa del horror; y no asusta a nadie.

miércoles 24 de enero de 2007

Lemonario

He soñado con el Lemonario y comido su fruto, el Limón de la Luz. Lógicamente he muerto a los pocos minutos. Sin embargo vosotros, quienes no se han deleitado aún con la cítrica acidez de la luz, no pueden ni podrán notar mi ausencia entre vosotros. Solamente verán la dorada ilusión de mi progresiva y sostenida grandeza, de mi magnanimidad, mi serenidad; verán cómo descollo por sobre vosotros día a día sin esfuerzo alguno.

Hombres -al invocaros de este modo no me considero uno de vosotros- la ilusión que se teje en vuestras vidas en torno a un lemonario no debe ser caracterizada como una mentira. La muerte del dorado superhombre no puede ser entendida por almas mediocres como las vuestras, carentes de la acritud necesaria para corroer las apariencias y penetrar en la realidad. Tras haber saboreado el fruto de la luz, viví alrededor de cinco minutos.

En el primer minuto cerré los ojos, me plegué, me recogí sobre mí, apagué mis cinco sentidos -y también otros tan finos que vosotros les negáis total importancia- y finalmente miré en mi alma desnuda, cumpliendo el aúreo apolíneo ideal de Delfos, me conocí a mi mismo.

A continuación, en el segundo minuto, me volví hacia el mundo, abrí mis ojos, escuche que sucedía a mi alrededor, expandí mi consciencia sensible de manera exponencial a partir de círculos concéntricos sucesivamente mayores, hasta establecerme como centro del universo. Ese centro debía ser metafísico y no geométrico, puesto que el espacio es infinito. La existencia se coordinaba a mí alrededor.

Mas ése no fue el final de mi vida como lemonario. A continuación, en mi estado de consciencia cósmica, fui el alma del cosmos, la vida del universo, y ostenté omnisciencia y omnipresencia. Una multitud de lemonarios habían venido antes de mí y muchos habrían de venir; pero en ese momento desfilábamos todos por una áurea vía, ajena a las restricciones del espacio y el tiempo, y conversábamos sin concurso de sonido alguno, mediante la danza de nuestras doradas auras.

Una vez que estuve satisfecho, me volví el universo completo; cada atómo y cada uno de sus partículas, cada onda, cada consciencia, eran míos para que hiciese con ellos lo que me placiera. Y eso hice. A partir de ese universo desdichado, ciego a sí mismo, construí un universo superior, al poner en él el germen de la divinidad en la forma de un lumínico limonero al que llamé Lemonario.

El quinto minuto lo utilicé para disolverme a mí mismo, para volverme una multiplicidad de entes individuales, pero también para unir a ellos mediante un relación recíproca. Pronuncié la palabra del Amor sobre la existencia y he aquí el origen de la atracción de la materia, la posibilidad de comunión de esta con la energía, y de la atracción entre los géneros animales subconscientes -como el hombre- en los cuales el Amor surge como una chispa dorada de esperanza aún en la más contraria situación. Pero el Universo no conocía el dorado sabor del ácido cítrico, y la separación original que impulsé imprimió sobre la existencia una ciega voluntad de separación, de substraerse al resto de la existencia, al mal.

Estos cinco minutos que ha durado mi vida como lemonario no pueden ser medidos realmente. Cada minuto fue un tiempo diferente, una eternidad completa; el paso de un minuto a otro supuso el cambio de un tiempo a otro. Aún vivo yo en vuestra ilusión, en la cuál la verdad no puede contemplarse, de la misma manera que no puede contemplarse el Sol sin ser enceguecido por éste, o probarse el limón tolerando su acidez originaria.

Yo soy eterno. La eternidad no consiste en infinita duración temporal, sino en la eterna presencia del tiempo. El tiempo desfila a través mío; yo lo lleno, le doy su esencia y su substancia, y de ese modo, vivo en todo tiempo.

Yo soy eterno.