Cuando uno invita a otra persona a su casa y la convivencia no resulta, y esa persona se marcha... es como si en uestra casa se hiciera un agujero. Un agujero horrible por donde entra el viento, el frío y la lluvia.
Uno puede invitar a otra persona a vivir a su casa. La convivencia puede ser pasable y podemos llegar a zafar del invierno con ese revoque. Pero se va a venir abajo. Tarde o temprano se va a venir abajo y entrará el viento más fuerte que nunca, el frío más gélido que antes y la lluvia inundará toda esperanza. Sí, así de melodramático es hacer mal un revoque.
Recordá cómo sufriste cuando ella, que te dijo que tenías los ojos más bellos que alguna vez había visto y que ante su visión sentía que dar lo mejor de sí, se marchó. Lo quisiste revocar con una rubia insípida y te salió mal.
Después vino ella, que te dijo que rezaba por vos todas las noches y que incluso te pidió perdón porque vos eras ateo. Tu casa ahora era enorme e imponente.
Pero ella se fue, y te dejó un agujero terrible. Más grande que el anterior. Lo quisiste revocar con otra rubia (ceniza) insípida y salió peor aún.
Y ahora viene ella y te dice con la simplicidad bucólica que tanto te gusta, que está todo bien si para vos está bien.
Eso creo yo, es como hacerle una ampliación, flor de ampliación, a tu vivienda.
Cada vez que nos enamoramos nos jugamos nuestro techo; si nos sale bien, vivimos mejor... si nos sale mal nos quedamos con un agujero. Cada vez la apuesta se va haciendo mayor... ¿hasta cuándo?




